Equipando La Mente

EL FANTASMA DEL PASADO

QUÉ HACER CUANDO EL PASADO NOS PERSIGUE Y NOS ACOSA.

Generalmente, cuando hablamos del pasado, usamos este término para referirnos a algo desagradable o no digno para recordar. Nuestro pasado pudo haber estado vinculado a la sumersión en el alcohol o las drogas, la adicción al sexo y la pornografía, la adicción a los juegos de azar, el abuso o mal trato recibido de parte de algún ser querido, una tragedia familiar, un hogar disfuncional, malas decisiones, y muchas cosas más.

Tristemente, y aunque no queramos recordarlo, el pasado hace acto de presencia infiltrándose en nuestras mentes, bien sea por algo que hemos visto o escuchado que, de alguna manera, está relacionado con lo que hemos sufrido. O por qué, simplemente, está ahí, alojado en alguna de las recámaras del cerebro, ya que, tal vez, no hicimos nada para deshacernos de él y despedirlo permanentemente de nuestras vidas.

Satanás, conociendo lo frágil que, como seres humanos, somos, aprovecha de este huésped indeseable e invisible, y lo usa para desdichar nuestro presente. De modo que, lo que queramos hacer bien hoy, se vea afectado por lo que hicimos mal ayer.

Se requiere de una buena dosis de dominio propio para impedir que esto suceda. Pero la fuerza de voluntad propia, muchas veces no es suficiente para ignorar las acusaciones que el diablo nos lanza cuando utiliza nuestro pasado. Necesitamos adquirir el conocimiento adecuado de las Escrituras para defendernos del diablo y refutar sus acusaciones. Recordemos que éste fue el método que el Señor usó cuando fue tentado en el desierto por el diablo: “Escrito está.”

El Señor le citó al diablo las Escrituras porque conocía lo que las Escrituras decían acerca de Él. De la misma manera, nosotros necesitamos saber lo que Su Palabra dice de nosotros, o de lo que Él nos ofrece y nos promete, para vencer a Satanás cada vez que él nos quiera hacer sentir miserables recordándonos el pasado.

La Biblia, la Palabra de Dios, nos ofrece cuatro elementos como antídotos para contrarrestar el ataque del diablo en relación a nuestro pasado.

1. El primer elemento que nos ayudará a “deshacernos” de ese pasado gris es, obviamente, Cristo. Tenemos que saber que si estamos en Cristo, “borrón y cuenta nueva.” Comenzamos desde Cristo hacia adelante. En el Señor no hay pasado; “Yo, yo soy el que borró tus rebeliones por amor de mi mismo, y no me acordaré de tus pecados” (Is 43.25; He 10.17). La Biblia dice que “si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2Co 5.17). Y esto no sólo tiene que ver con el perdón de pecados y con el hecho de dejar de hacer las cosas malas que uno hacía antes, sino que también incluye el borrón de nuestro pasado.

2. El segundo elemento en nuestro esfuerzo por mantener el pasado atrás es: la sangre de Cristo. La Biblia dice que “la sangre de Jesucristo… nos limpia de todo pecado” (1Jn 1.7). Una de las cosas que Dios hace cuando nos convierte en nueva criatura es perdonar nuestros pecados pasados. Pero, y como ser cristiano no significa que no vayamos a fallar, la provisión para el perdón del pecado —la sangre de Cristo— es una fuente perenne para, no sólo perdonar las cosas que hacemos malas contra Dios y contra nuestro prójimo, pero para borrarlas también. Para esto sólo tenemos que confesarle a Dios lo malo que hemos hecho y Él nos perdonará y olvidará nuestras faltas que hoy cometemos y que mañana serán también parte del pasado. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1Jn 1.9). El pasado, además de errores o malas decisiones, muchas veces consiste de pecados que hemos cometido que nos han dejado una secuela de consecuencias. Tal vez los estragos o consecuencias estén presentes, y no podamos deshacernos de ellos, más bien tengamos que enfrentarlas, reivindicarlas y, hasta cierto punto, restaurar el daño causado. Pero la culpa del pecado cometido la podemos eliminar con el poder redentor y purificador de la sangre de Cristo, que nos limpia de todo pecado. Si el Señor nos perdona, tenemos que perdonarnos a nosotros mismos, y no podemos permitir que Satanás nos acuse de lo que ya Dios olvidó. Porque “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica” (Ro 8.33). “Porque echaste tras sus espaldas todos mis pecados”. (Is 38.17). “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados” (Is 43.25).

3. El tercer elemento a favor de nuestra lucha contra el pasado es la obra intercesora de Cristo. 1 Juan 2.1 dice: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiera pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”.

No hay pecado que Él no pueda perdonar ni pasado que no pueda olvidar, ni conciencia que Él no pueda limpiar, ni vida que Él no pueda restaurar. La Escritura añade que Cristo está a la diestra de Dios intercediendo por nosotros (Ro 8.33-34).

4. El cuarto elemento a nuestro favor es el bendito Espíritu Santo de Dios. La Escritura nos declara que “el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad;… el Espíritu mismo intercede por nosotros…” (Ro 8.26). Y, aunque el contexto de este pasaje es en relación a la oración, y la debilidad a la que se refiere es a nuestra incapacidad de saber pedir como conviene (esto es, según Su voluntad); Dios nos dio Su Espíritu para ayudarnos a seguir en este camino y servirle a Él. Y para esto se necesita del poder de Su Espíritu. 2Co 12.9 dice que la gracia de Dios es suficiente para nosotros continuar sirviendo a Él, ya que, Su poder se perfecciona —se hace fuerte— en la debilidad.

Y en ocasiones, la debilidad más difícil para vencer puede ser el pasado; aquellas cosas que —aun siendo cristianos— hicimos, y que, a pesar de habernos arrepentido, se aparecen como fantasmas para tronchar el presente, y hacen que no realicemos el futuro que tenemos en Dios.

La Escritura enseña que el mismo poder que resucitó a Cristo de los muertos, es el mismo poder que actúa en nosotros (Ef 1.19-20). Este poder es el Espíritu Santo. Dice la Biblia que Ese poder actúa en nosotros, y que según Ese poder es que Dios puede “hacer todas las cosas mucho más abundante de lo que pedimos o entendemos” (Ef 3.20). Col 1.11 declara que somos “fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria.” Y el versículo 29 nos enseña que trabajamos, luchando según la potencia de Él, la cual actúa poderosamente nosotros.

¿Qué más poder necesitamos para olvidar el pasado pecaminoso y erróneo que hayamos vivido, que el poder de Dios obrando en nosotros poderosamente a través del poderoso Espíritu Santo? “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Ro 8. 31).

Tenemos que hacer con el pasado lo que Isaías 43. 19 nos ordena: “No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas.” Añadámosle lo que dice Miqueas 7. 18 -19: “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.”

Nota: No obstante y disponer de tales recursos —Cristo, Su sangre, Su obra intercesora, y el Espíritu Santo— hay cantidad de cristianos que no saben o no pueden lidiar con el pasado. No es que el poder de Dios sea insuficiente, sino que hay un gran número de personas que no han sabido erigir un carácter fuerte en el Señor; unos por falta de conocimiento bíblico, otros por falta de fe, y otros por no rendirse plenamente al Señor. Tal vez este grupo pueda calificar dentro de la categoría los débiles en la fe.

Pero, y como Dios es bueno, Él también nos ha provisto de un par de recursos más: los hermanos en la fe (la Iglesia) y los profesionales en asuntos psicológicos o emocionales.

Hay ocasiones en las que no podemos conseguir ciertos objetivos solos ni superar ciertas crisis con nuestras fuerzas y recursos solamente; necesitamos de la ayuda de otra persona más experimentada o más fuerte que uno. “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos” (Ro 15.1). Gálatas 6.2 nos aconseja sobrellevar los unos las cargas de los otros. Mientras que 2 Ts 5. 14 nos exhorta a alentar a los de poco ánimo y a sostener a los débiles.

Si no podemos vencer solos, busquemos el consejo, la oración y la alianza de algún hermano maduro y espiritual. Un viejo refrán dice que en la unión está la fuerza. Pues, bien, la Biblia lo dice más hermosamente: “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto” (Ec 4.9-12).

Tampoco debemos menospreciar la ayuda profesional. Hoy día hay cantidad de psicólogos cristianos. Tenemos también consejeros matrimoniales y muchos pastores están también capacitados en el área de la consejería.

En resumen, para evitar que el pasado se haga presente y arruine el presente y amenace el futuro, tenemos el dominio propio, el cual debe estar basado en el conocimiento de lo que la Biblia dice acerca de Cristo, Su sangre, Su obra intercesora, y la obra del Espíritu Santo. Tenemos además la ayuda de la Iglesia y de algunos profesionales en la conducta humana y la consejería.

En conclusión, podemos impedir que el pasado arruine nuestro presente y neutralice o anule el propósito de Dios en nuestras vidas. Dios nos dio los recursos necesarios.

Por favor, si esta información te ha sido útil, y conoces de alguien a quien también le pueda servir, compártelo a través de Facebook o de email o de cualquier otro medio. Mi propósito de escribir en este blog no es alcanzar reconocimiento, sino compartir lo que Dios me ha permitido aprender de las Escrituras con el fin de ayudar a los demás.

Gracias.

junio 3, 2013 - Posted by | Consejería

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