Equipando La Mente

¿Es el “fuego” parte del bautismo con el Espíritu Santo?

pentecostal

En esta ocasión estaremos equipando la mente con una enseñanza que he  diseñado “para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados” (He 5.14). Si el tema es de tu interés, pero aún participas de la leche, y eres “inexperto en la palabra de justicia” (vs.3), o un “neófito” (1Ti 3.6; todos hemos sido neófitos), mi recomendación es que busques la ayuda de un obrero “que usa bien la palabra de verdad” (2Ti 2.15). Es decir, de alguien que ya puede comer alimento sólido por cuanto ha alcanzado madurez (He 5.14), y que te pueda guiar en la instrucción de esta enseñanza.

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Ningún cristiano puede ser bautizado con Espíritu Santo y “fuego”.

En la gran mayoría de las iglesias cristianas se enseña y se cree la doctrina del bautismo en el Espíritu Santo y “fuego”. En estas iglesias los creyentes le suplican a Dios que los bautice de dicha manera. Pero lo cierto es que Él no puede hacer semejante cosa con nadie. Esta enseñanza está basada en una incorrecta interpretación y aplicación de lo que la Biblia realmente dice acerca de este tema. Jesús nunca prometió bautizar con el Espíritu Santo y fuego. La única persona que la Escritura menciona haber empleado esta expresión fue Juan el Bautista.

Ahora bien, para lograr una acertada interpretación acerca del tema en discusión, tenemos que emplear una de las reglas más básicas de la hermenéutica (interpretación de la Biblia, del griego ‘hermeneuein’; el arte de interpretar los textos), que es: consultar los pasajes paralelos, “acomodando lo espiritual a lo espiritual” (1Co 2.13). Un método que he estado usando por muchos años, desde que comencé a estudiar la Biblia, mucho antes de saber lo que era la hermenéutica, y que me ha dado muy buenos resultados.

Con pasajes paralelos entendemos aquí los que hacen referencia el uno al otro, que tienen entre sí alguna relación o tratan de un modo u otro de un mismo asunto. Esto es, tenemos que comparar lo que la Biblia dice en relación al mismo tema en sus diversos libros o en toda la Escritura. La regla es permitir que la Escritura sea su propio intérprete, comparar lo que la Biblia dice con lo que la Biblia dice, la Escritura explicada por la Escritura.

Teniendo esto en cuenta, veamos lo que Jesús enseñó acerca del bautismo en el Espíritu Santo y lo que Juan el Bautista dijo respecto a lo mismo, ya que, al comparar ambas declaraciones, dentro de sus respectivos contextos, podremos encontrar la adecuada interpretación de este tema.

Esto dijo Jesús: “Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hch 1.5; el apóstol Pedro citó estas palabras que Jesús dijo, mientras narraba lo que había acontecido en casa de Cornelio, Hch 11.16). Note que Jesús NO mencionó el fuego en esta declaración.

Ahora veamos lo que Juan el Bautista dijo: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego (Mt 3.11).

¿Por qué Juan añade el fuego en su declaración mientras que Jesús no?

La respuesta a esta pregunta es: porque Juan, en esta ocasión, usó el fuego para referirse a juicio, a condenación, al castigo eterno del que será víctima todo aquel que rechaza el mensaje del evangelio (véase 2Ts 1.8; He 10.27; 12.29; Jud 7; Ap 20.15; 21.8. Compárese con Jn 5.22-29; Hc 17.31; Mal 4.1; 2Tes 1.7-10).

Y, ¿cómo uno puede llegar a semejante conclusión? Pues, bien, usando la regla de hermenéutica que ya mencioné, comparando los distintos pasajes de la Biblia que hablan de lo mismo. Los pasajes paralelos en los que estaremos desarrollando esta discusión son: Mt 3.1-12; Mr 1.4-8; Lc 3.1-20; Jn 1.19-28.

Además de esta regla, vamos también a emplear otra muy conocida; y es la regla de las tres preguntas: “¿Qué dice el texto? ¿Quién lo dice? ¿A quién lo dice?”

Ya sabemos qué dice el texto, y también sabemos quién lo dice. La respuesta a la tercera pregunta de esta regla es la que nos arrojará luz para obtener la armonía adecuada entre las palabras de Jesús y Juan el Bautista, y así conseguir la correcta interpretación del tema en cuestión.

¿A quién lo dijo Juan?

Entre la audiencia de Juan se encontraban dos grupos: los que “eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados (Mt. 3.6). Este grupo lo integraban los de Jerusalén, los de toda Judea, y los de toda la provincia de alrededor del Jordán (vs.5); entre los cuales también se encontraban publicanos* y soldados (Lc. 3.12, 14).

El segundo grupo lo conformaban los fariseos** y los saduceos, quienes solo venían a presenciar el bautismo de Juan (Mt. 3.7). Lucas se refiere a ambos grupos como un pueblo que “estaba en expectativa, preguntándose TODOS (creyentes e incrédulos) en sus corazones…” (3.15).

La prédica de Juan comenzó con un mensaje en general (“respondió Juan, diciendo a TODOS, Lc 3.16): “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mt 3.2). Pero fíjese como “al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo” (vs.7), Juan cambió su mensaje y lo hizo directo: “¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (vss.7-8). Este estilo de prédica se extendió hasta el verso 12 de este capítulo. Pero es en el versículo 10 en el que Juan menciona el fuego como una figura del castigo que recibirían los que rechazaban su mensaje (los fariseos y los saduceos): “…por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.”

Luego, en el verso 11, el Bautista regresa su homilía a los que eran bautizados por él: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo (…).” No, no le omití el “fuego” al versículo. Lo que ocurre es que, es en esta parte del verso en donde se genera la confusión que nos impide interpretar la enseñanza correctamente. Y esto es debido al mal uso que le damos a la conjunción “y”, la cual ligamos, indebidamente, a la parte del verso que habla del bautismo en el  Espíritu Santo, sacándola del verdadero contexto.

En la primera parte del verso Juan se estaba refiriendo a los que él estaba bautizando, a los creyentes. Pero una vez que él les hubo  mencionado la bendición que recibirán los que creyeran en Jesús, Juan cambia nuevamente el mensaje, y lo dirige a los incrédulos (fariseos y saduceos), advirtiéndoles del fuego o juicio del que serían víctimas. Y esto lo podemos deducir de lo que dice el resto de su discurso en el verso 12, luego de haber mencionado el fuego: “Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo (los creyentes) en el granero, y quemará la paja (los incrédulos) en fuego (el fuego que ya había mencionado anteriormente, mientras hablaba del Espíritu Santo) que nunca se apagará.”

Por lo tanto, Juan estaba hablando acerca de dos bautismos: el Espíritu Santo, para los que creían a su mensaje y eran bautizados; y el fuego, como forma del castigo que recibirían los que rechazaban su mensaje —en este caso los fariseos y saduceos— quienes habían creado su propia religión y habían inventado su propio método de acercarse a Dios y de salvarse de la condenación y del castigo eterno.

Para clarificar más el asunto, y comprobar que esto de los dos bautismos es así, como lo explico (continuando con las ideas paralelas), vayamos a Mr 1.4-8. En este pasaje, el Evangelista Marcos narra el mismo suceso, pero, si observas bien el texto, en su escrito, Marcos sólo incluye uno de los grupos de la audiencia de Juan: los que creían y eran bautizados, los de Judea y Jerusalén (1.5); el mismo grupo que Mateo incluyó en su narración (3.5). En este discurso (el que Marcos narra), Juan también hace mención del bautismo en el Espíritu Santo. Solo que, en esta ocasión, no se menciona el fuego. ¿Por qué? Por lo que dije antes, que Marcos únicamente menciona el grupo de creyentes como audiencia de Juan; los fariseos y saduceos están excluidos.

Estos —lo que Marcos y Mateo narran— no son dos eventos diferentes; es el mismo y único evento. Lo que lo hace diferente es quienes lo escribieron. Mateo incluyó ambas audiencias: creyentes e incrédulos (3.5-7). Por lo tanto tuvo que incluir también la frase completa de Juan concerniente a los dos bautismos, el del Espíritu Santo y el de fuego (3.11), para que, de este modo, el lector pudiera comprender lo que él, más adelante, diría acerca del trigo y la paja en el versículo 12. En cuanto a Marcos, como en su narración él solo menciona a los creyentes como el grupo que atendía a la homilía de Juan (Mr 1.5), no era necesario añadir el fuego (vs.8), ya que, los que se arrepienten y se convierten a Dios, no son reos de eterna condenación (Jn 5.24). Por esta misma razón es que Jesús tampoco mencionó el fuego, porque le hablaba a sus discípulos, y estos, al igual que los discípulos de Juan, no eran reos de juicio.

El Evangelio del Apóstol Juan 1.32-33 registra la declaración que hizo Juan el Bautista, en la que él revela que Jesús sería quien bautizaría con el Espíritu Santo, y aquí tampoco menciona el fuego. Y tómese en cuenta que Juan confesó que fue Dios quien le dijo a él que Jesús “es el que bautiza con el Espíritu Santo” (ni el mismo Padre mencionó el fuego).

Lo que aconteció a los que estaban unánimes juntos, en el día de Pentecostés, que se les apareció lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de los que estaban allí reunidos, y de que hayan sido todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaran a hablar en otras lenguas, no tiene, en nada, que ver con la declaración de Juan. Las lenguas (llamaradas, lengüetas) de fuego que se aparecieron sobre sus cabezas, eran una señal externa para demostrar físicamente o visiblemente que el Espíritu Santo había sido derramado por primera vez sobre los creyentes en Cristo, y así confirmar que el Señor había cumplido Su promesa (Jn 7.37-39; 14.16-17, 26; 15.26; 16.7, 13; Lc 11.13). Ya los discípulos habían recibido el Espíritu Santo, Jesús había soplado sobre ellos (Jn 20.22), pero no habían sido llenos de Él, ni habían sido investidos de poder (Hc 1.8). Esto estaba reservado para el día de Pentecostés, en donde más personas —y no únicamente ellos— recibirían la promesa del Padre (Hc 1.4-5, 8).

Estas lenguas de fuego no se vuelven a mencionar en ninguna otra parte de la Biblia, ni aun en las ocasiones en las que los discípulos impartieron el Espíritu Santo por la imposición de manos (véase Hch 2.38; 8.14-17; 9.17; 10.44-47; 11.15-16; 19. 1-7).

Durante el bautismo de Jesús, el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma corporal, como paloma (Lc 3.21-22). Esto no significa que el Espíritu Santo sea una paloma, sino que tomó una forma física o visible (similar a lo que aconteció con las lenguas de fuego en el Aposento Alto) con la que pudiera manifestar Su presencia, de manera que los espectadores se pudieran percatar de ello. Esta manifestación fue respaldada con la voz del Padre, y es el equivalente al bautismo del Espíritu Santo que recibimos los cristianos, ya que Jesús, como el Hijo del Hombre (Su naturaleza humana fue y es tan real como lo es Su divinidad, Fil 2.7; He 2.17; 4.15) también necesitaba la unción del Todopoderoso mientras estaba en la tierra (véase Lc 4.16-21; Hch 10.38).

La paloma y el fuego son usados en la Biblia como símbolos del Espíritu Santo. Un símbolo es una imagen o figura animada o inanimada que representa un objeto o algo abstracto; una señal visible o representación de una idea o una cualidad de un objeto. La paloma —como símbolo del Espíritu Santo— se usa para representar Su sencillez, una de las cualidades del carácter de Jesús. Por otro lado, el fuego representa Su poder purificador.

No obstante el fuego ser símbolo del Espíritu Santo, en nada está relacionado con lo que dijo Juan el Bautista. El fuego del que Juan habló de ninguna manera purificaría a los que lo recibieran, ya que —reiterando una vez más— es fuego para destrucción, condenación y castigo.

En el original griego —así como en cualquier otro idioma— una palabra puede tener diferentes usos y significados, y para lograr entender el sentido de lo que se dice, es necesario interpretarla dentro del contexto en el que se encuentra.

Quienes apoyan la teoría del bautismo con el Espíritu Santo y «fuego», y usan como base bíblica lo que dice Mt. 3.11, deberían considerar que, en el original griego, la palabra «fuego» mencionada en esos versos, es la palabra «πῦρ» (púr). Esta palabra Juan también la usó en el verso 10 para referirse al árbol que es cortado y echado en el fuego, y nuevamente la usa en el verso 12 con respecto a la paja que se quemará en el fuego que nunca se apagará. Y las tres veces que «púr» aparece en el discurso de Juan, es para referirse al fuego del juicio Divino que recibirán quienes rechacen a Cristo; y en nada la palabra «púr» está ligada con el bautismo que el Señor prometió a sus discípulos, ya que es usada para referirse a castigo. De manera que, para el cristiano, no puede haber un bautismo con el Espíritu Santo y «juicio» (o fuego).

Si en vez de citar estos pasajes aisladamente los usáramos dentro de sus respectivos contextos, nos daríamos cuenta que:

  1. Jesús NO MENCIONÓ el fuego cuando habló del bautismo con el Espíritu Santo. (Véase Hch. 1.5.)

  2. Juan el Bautista fue quien lo mencionó, y lo hizo para referirse a las dos maneras en la que el Señor bautizaría: Espíritu Santo para los que creyeran en Él, y fuego (juicio, castigo) Divino para quienes Le rechazaran.

(«Púr» también aparece adjunta en versos que hablan del infierno, la cizaña que será quemada, los individuos que serán lanzados al fuego eterno; entre otras tantas citas. [Véase Mt. 5.22; 13.40-42, 50.])

Resumiendo el tema, ningún cristiano puede ser bautizado con el Espíritu Santo y (con) fuego (o juicio), ya que esta declaración incluye dos tipos de bautismos para dos distintas categorías de personas: el Espíritu Santo para los cristianos y el fuego para los impíos.

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Si eres partidario de la doctrina del bautismo con el Espíritu Santo y fuego, seguramente  te costará estar de acuerdo con esta interpretación bíblica. Esto, mayormente, se debe a tres cosas:

  1. Las doctrinas mal enseñadas son como las malas costumbres, una vez se aprenden, se hace muy  difícil sustituirlas por las apropiadas. O son como la hierba, que una vez han echado raíces, es difícil o casi imposible poderlas desarraigar.

  2. Muchas personas estudian la Biblia subjetivamente; ya tienen sus mentes resueltas en lo que creen o aprendieron, y leen o estudian la Biblia buscando cómo apoyar sus creencias. No intentan objetivamente— descubrir cuál es la verdadera enseñanza entretejida en los versos de la Santa Escritura. Y cuando se tropiezan con una enseñanza como ésta, no hacen lo que el pueblo hacía, cuando los levitas, en tiempo de Nehemías, hacían entender al pueblo la ley; y el pueblo estaba atento en su lugar. Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura (Neh 8.7-8).

  3. Muchos cristianos pasan horas viendo la televisión, hablando por teléfono, navegando en el internet, sumergidos en las redes sociales, pero no dedican el tiempo suficiente para estudiar la Biblia. Ellos prefieren que sean otros los que se quemen las pestañas estudiando, y optan por venir a la iglesia a que se les enseñe lo que ellos mismos no han querido estudiar. Estos tienen que imitar a los cristianos de Berea, quienes “eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así (Hch 17.11).

Gran cantidad de miembros en las iglesias ni siquiera se toman la “molestia” de comparar lo que se está enseñando desde el púlpito, con lo que las Escrituras dice. Si bien la Santa Biblia dice que tenemos que probar los espíritus (maestros) si son de Dios (1Jn 4.1). Y la manera de probar (escudriñar) estos espíritus no es a través de algún don especial, sino comparando lo que ellos dicen con lo que la Biblia dice (vss. 2-3).

Pídele al Señor que haga contigo lo que hizo con Sus discípulos, que “les abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras” (Lc 24.45). Amén.

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* Los publicanos y los soldados formaban parte del sistema gubernamental romano, y eran repudiados por los judíos (Mt. 9.9, 11) .

**Los fariseos eran una estricta secta religiosa de judíos que con celo seguía la Ley del Antiguo Testamento así como sus tradiciones y exigía el más riguroso cumplimiento de su propia interpretación de la Ley ( Mt. 23. 1-7). Los saduceos eran un partido político sacerdotal judío rico, que solo aceptaban el Pentateuco, y no creían en la vida después de la muerte (Mt. 22.23; Mr. 12.18).

julio 12, 2013 - Posted by | Interpretaciones Bíblicas

17 comentarios »

  1. difinitivamente la sabiduria de dios esta en su palabra si no la estudiamos con ambre de conocimiento nos combertimos en religiosos y jamas entraremos en la sabiduria de dios .

    Comentario por Antonio Aguirre Ibarra | noviembre 5, 2014 | Responder

    • Ciertamente.

      Comentario por Pablo Collazo - Administrador | noviembre 8, 2014 | Responder

  2. Si habla Jesus del perdon con fuego. Cuando dice bienaventurados….serán bautizados y recibirán la visita del espiritu Santo y el fuego para él perdón de sus pecados. Porque escriben que Jesús no mencionó esto si está escrito?

    Comentario por Belen | octubre 21, 2015 | Responder

    • si citas el texto, podríamos ver el contexto (asumiendo que en verdad existe, porque muchos asumen que en la Biblia Dios dice: “ayúdate que yo te ayudaré”, “Dios bendice al dador alegre” o “los dones del Espíritu son irrevocables” y tantos más)

      Comentario por Efraín | diciembre 10, 2016 | Responder

  3. My intetesante, Gracias hermano por esa aclaracion tan sabia que Dios bendiga tu ministerio

    Comentario por David M Polo | septiembre 18, 2016 | Responder

    • Gracias David, por tu apoyo. Dios te bendiga.

      Comentario por Pablo Collazo - Administrador | septiembre 21, 2016 | Responder

  4. Excelente! Qué lástima que ésto no le guste a algunas personas!

    Comentario por Caemencita Mendoza | abril 5, 2017 | Responder

    • Gracias Carmencita, y perdona por mi respuesta tan tardía. Bendiciones.

      Comentario por Pablo Collazo - Administrador | septiembre 12, 2017 | Responder

  5. Me gustaría conocer la experiencia con el Espíritu Santo del escritor.

    Comentario por Angélica Orozco | septiembre 2, 2017 | Responder

  6. Muy buena reflexión basada en la Palabra de Dios!!!… Gracias hermano

    Comentario por Cleopatra | septiembre 3, 2017 | Responder

    • Gracias Cleopatra.

      Comentario por Pablo Collazo - Administrador | septiembre 12, 2017 | Responder

  7. Muy, muy bien explicado y fundamentado. Gracias hermano por ti dedicación y esfuerzo. Dios te bendiga y te de fuerza.

    Comentario por Gerardo Salgado | septiembre 7, 2017 | Responder

    • Gracias Gerardo. Bendiciones.

      Comentario por Pablo Collazo - Administrador | septiembre 12, 2017 | Responder

  8. NO ESTOY TOTALMENTE DE ACUERDO PORQUE A LA FINAL EL DIA DE PENTECOATES LOS 120 FUERON BAUTIZADOS EN EL ESPIRITU SANTO Y FUEGO. hechos 2:3 ” lenguas como de fuego sobre cada uno “”,…..

    Comentario por RUBEN | octubre 15, 2017 | Responder

    • Estimado Ruben. Gracias por haber tomado de tu tiempo para dedicarte a leer esta entrada, y para comentar acerca del tema en discusión.
      Mi respuesta a tu comentario es solo una extensión o una repetición de todo lo que ya escribí y de lo que ya tú leíste.
      El bautismo en el Espíritu Santo y «fuego» no existe; pero sí existen dos clases de bautismos — como Juan el Bautista los mencionó:
      1) el bautismo en el Espíritu Santo
      2) el bautismo en fuego
      Lo que sucede es que, a través de los años, hemos sido enseñados a interpretar lo que Juan dijo como si fuera una sola frase, y no hemos aprendido a discernir que la conjunción “y”, que aparece en la frase de Juan, no es para unir las dos cosas: Espíritu Santo “y” fuego, sino para demostrar que existen dos clases de bautismo: el del Espíritu Santo “y” el de fuego o juicio.
      Juan el Bautista fue el único en mencionar o añadir el fuego, y lo hizo para referirse al juicio o castigo que recibirían aquellos que rechazaran a Jesús como Salvador. Por otra parte, Jesús solo mencionó el bautismo en el Espíritu Santo, y no utilizó —como lo hizo Juan— el fuego.
      Las lenguas (o llamaradas) de fuego que se asentaron sobre las cabezas de quienes estaban en el aposento alto eran necesarias, pero solamente como una señal física o visible de que la promesa del Señor, acerca de enviar al Espíritu Santo, se había cumplido, y no como una prueba de que el bautismo en el Espíritu Santo era en o con fuego, o de que el Espíritu Santo bautizara con fuego, o de que el fuego formara parte del bautismo en el Espíritu Santo.
      Las lenguas o idiomas que hablaban los que recibieron el Espíritu Santo en el Aposento Alto no era prueba suficiente para demostrar y convencer a quienes estaban allí presentes de que Jesús había cumplido Su promesa. Hacía falta una primera señal indubitable de que el Espíritu Santo había descendido, y que por eso era que los discípulos del Señor hablaban en otras lenguas, y fue por eso que se les asentaron lenguas o llamaradas de fuego sobre sus cabezas.
      Si lees detenidamente el resto del libro de los Hechos, podrás notar que, durante los demás derramamientos del Espíritu Santo, los conversos hablaban en otras lenguas, pero ya no se les asentaban lenguas o llamaradas de fuego sobre sus cabezas. (Véase, por ejemplo, lo que sucedió en casa de Cornelio, Hechos 10. 44-46. Véase también Hechos 8. 14-17; 19. 1-6.) Sucedió una sola vez, y fue en el Aposento Alto.
      El fuego es un símbolo del Espíritu Santo, pero el Espíritu Santo no es fuego. La paloma también es un símbolo del Espíritu Santo. El evangelio de Lucas dice que cuando Jesús fue bautizado, el Espíritu Santo descendió sobre él «en forma corporal, como paloma» (3.21-22); pero el Espíritu Santo no es una paloma. También el viento es un símbolo del Espíritu Santo, pero el Espíritu Santo no es un viento. Inclusive, en el Aposento Alto, antes de que a los discípulos se les asentaran las lenguas de fuego sobre sus cabezas, del cielo vino «un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa», pero el Espíritu Santo ni es fuego ni es viento. Estos son símbolos que representan la presencia y obra del Espíritu Santo.
      En conclusión, y como ya he abarcado ampliamente este tópico en este artículo —y para no ser repetitivo:
      1) Juan el Bautista hablaba de dos clases de bautismos:
      a) el bautismo del Espíritu Santo [para los creyentes]
      b) el bautismo en fuego [para los que rechazan a Jesús]
      2) Jesús habló de un solo bautismo: el bautismo del Espíritu Santo
      3) Las lenguas de fuego que se asentaron sobre las cabezas de los que estaban en el aposento alto era solamente un símbolo de la presencia del Espíritu Santo y no significa que el bautismo era en Espíritu Santo y fuego.

      Comentario por Pablo Collazo - Administrador | octubre 19, 2017 | Responder

  9. Esta interpretación es producto de una falta de estudio profundo de la palabra y lamentablemente afirmar una verdad esgrimiendo una mentira.

    No menciona nuestro Señor Jesucristo el Fuego? y que el vino a traer fuego a la tierra?

    Que piensas de estos dos versículos?

    PORQUE TODOS SERÁN SALADOS CON FUEGO, Y TODO SACRIFICIO SERÁ SALADO CON SAL. BUENA ES LA SAL; MAS SI LA SAL SE HACE INSÍPIDA, ¿CON QUÉ LA SAZONARÉIS? TENED SAL EN VOSOTROS MISMOS; Y TENED PAZ LOS UNOS CON LOS OTROS. MARCOS 9:49‭-‬50 RVR1960‬

    Somos la sal del mundo y nunca lo seremos si no somos salados con fuego ,

    Además el mismo reconoce que vino a traer fuego a la tierra y El mismo manifiesta su deseo que ya estuviera ardiendo

    LUK 12:49 FUEGO VINE A ECHAR EN LA TIERRA; ¿Y QUÉ QUIERO, SI YA SE HA ENCENDIDO?

    (TLA) »YO HE VENIDO PARA ENCENDER FUEGO EN EL MUNDO. ¡Y CÓMO ME GUSTARÍA QUE YA ESTUVIERA ARDIENDO!

    No puedes decir que el fuego es el juicio de Dios sobre la tierra porque El no vino a condenar al mundo sino a salvarlo.

    En todo el antiguo testamento la imagen de Dios es fuego, dice la palabra de DIos que fuimos hechos a su imagen y semejanza, si su imagen es fuego entonces
    no hay tal cosa que un hijo de Dios sin fuego .

    La falta de poder de la Iglesia de Jesús para impactar esta tierra es por la ignorancia de la manifestación del poder de Dios.

    Comentario por RICARDO DIAZ | noviembre 3, 2017 | Responder

    • Hola Ricardo.

      Gracias por haber tomado de tu tiempo para leer en mi blog.

      Por lo que pude apreciar —luego de haber leído tu comentario—, no haces buen uso de la hermenéutica, ya que los versículos que citaste (en tu esfuerzo por defender y sostener una enseñanza mal enseñada a través de mucho tiempo) los usaste fuera de sus respectivos contextos.

      En el original griego —así como en cualquier otro idioma— una palabra puede tener diferentes usos y significados, y para lograr entender el sentido de lo que se dice, es necesario interpretarla dentro del contexto en el que se encuentra.

      Este es el caso de la palabra fuego, la cual no has sabido interpretar correctamente por haberla usado fuera del contexto en la que se encuentra en los versos que citaste.

      Quienes apoyan la teoría del bautismo con el Espíritu Santo y «fuego», y usan como base bíblica lo que dice Mt. 3.11, deberían considerar que, en el original griego, la palabra «fuego» mencionada en esos versos, es la palabra «πῦρ» (púr). Esta palabra Juan también la usó en el verso 10 para referirse al árbol que es cortado y echado en el fuego, y nuevamente la usa en el verso 12 con respecto a la paja que se quemará en el fuego que nunca se apagará. Y las tres veces que «púr» aparece en el discurso de Juan, es para referirse al fuego del juicio Divino que recibirán quienes rechacen a Cristo; y en nada la palabra «púr» está ligada con el bautismo que el Señor prometió a sus discípulos, ya que es usada para referirse a castigo. De manera que, para el cristiano, no puede haber un bautismo con el Espíritu Santo y «juicio» (o fuego).

      Si en vez de citar estos pasajes aisladamente los usáramos dentro de sus respectivos contextos, nos daríamos cuenta que:
      1. Jesús NO MENCIONÓ el fuego cuando habló del bautismo con el Espíritu Santo. (Véase Hch. 1.5.)
      2. Juan el Bautista fue quien lo mencionó, y lo hizo para referirse a las dos maneras en la que el Señor bautizaría: Espíritu Santo para los que creyeran en Él, y fuego (juicio, castigo) Divino para quienes Le rechazaran.
      («Púr» también aparece adjunta en versos que hablan del infierno, la cizaña que será quemada, los individuos que serán lanzados al fuego eterno; entre otras tantas citas. [Véase Mt. 5.22; 13.40-42, 50.])

      En cuanto a lo que dijo Jesús en Lucas 12.49: «Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido?»; deberías haber considerado el contexto: «De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión. Porque de aquí en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos, y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra» (vrss. 50-53). Estos versos claramente explican que el fuego al que Jesús se estaba refiriendo es al conflicto o la división que causaría el hecho de creer en Él: el fuego de la persecución. Ya este fuego se había encendido contra Él: «De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!» Dicho sea de paso —y conviene agregar— la palabra fuego que aparece en este pasaje es también «púr».

      En relación a Marcos 9.49-50, según las propias palabras de Jesús, todo sacrificio del Antiguo Testamento tenía que ser salado con sal para que fuese aceptable delante de Dios. En cambio, los que serán salados con fuego serán los que irán al infierno. Si lees el contexto notarás que Jesús, antes de decir lo de ser salados con fuego, había mencionado lo de ir al infierno teniendo dos manos, o dos pies, o dos ojos (vrss. 43-48). Mientras que la sal se usaba para sazonar y preservar la carne del sacrificio, el fuego será usado igual que la sal, pero para conservar eternamente en tormentos a quienes vayan al infierno. Cabe añadir que la palabra fuego en este pasaje es también «púr».

      Te recomiendo que adquieras algún Léxico de los idiomas originales en los que la Santa Biblia fue escrita; hoy es fácil conseguirlos en cualquier librería cristiana, y a buen precio. Las personas que invirtieron muchos años y grandes esfuerzos en escribir estas invaluables obras, nos ahorraron el tiempo y el dinero que nos costaría ir a un seminario a estudiar estas lenguas.

      Bendiciones.

      Comentario por Pablo Collazo - Administrador | noviembre 8, 2017 | Responder


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