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¿Es la historia del rico y Lázaro una parábola o un suceso verídico?

Abraham y Lázaro4¿Cómo podemos saber si la historia del rico y Lázaro es una parábola o fue un suceso real? —Lucas 16.19-31

Muy simple. Cada vez que Jesús narraba una parábola, había dos formas de saberlo.

1. El escritor del evangelio lo hacía notorio con las palabras: «Les refirió otra parábola (…).»

2. Jesús mismo lo hacía saber con la expresión: «El reino de los cielos es semejante a (…).» (Mt. 13.24, entre otras citas).

En cambio, en la historia del rico y Lázaro, Jesús comienza la narración con las palabras: «Había un hombre rico (…); Había también un mendigo llamado Lázaro (…).» (Lc. 16.19-20).

Si Jesús dijo que “había (…)», y no especificó que se trataba de una parábola (a diferencia de todas las otras veces que Él lo había hecho), entonces realmente hubo lo que Jesús dijo que había. Además, los detalles que están entretejidos en esta narración son muy gráficos, y también están en armonía con el resto de lo que la Biblia enseña en relación a la muerte, el alma, la conciencia, el paraíso y el infierno.

En cuanto a algunos de esos detalles:

1. Jesús mencionó cuatro nombres (vrss. 20, 22, 29), dos de los cuales son muy populares:

Abraham, cuyo nombre aparece en la lista de los héroes de la fe del libro de Hebreos (11.8-12), y como el padre de la fe en la epístola a los Gálatas (3.6-9, 14-18). Jesús no hubiera usado el nombre de Abraham para contarnos una historia ficticia, y mucho menos tratándose de un hombre tan respetado por los judíos: «¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió?» (Jn. 8.53a).

Moisés, otro hombre sumamente respetado por los judíos. He aquí algunos pasajes bíblicos en los que se demuestra el respeto y la veneración que ellos sentían y expresaban por Moisés:

«(…) pero nosotros, discípulos de Moisés somos. Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés (…)» (Jn. 9.28-29).

«Entonces sobornaron a unos para que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios» (Hch. 6.11).

«pues le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos dio Moisés» (Hch. 6.14).

No hay necesidad de hablar acerca de él; basta con saber que Moisés fue el hombre que Dios escogió para sacar al pueblo hebreo de Egipto y a quien Él le entregó la Ley (Ex. 3.10; 24.12; Jn. 1.17; 7.19). De no haberse tratado de una historia verdadera, Jesús no hubiese mencionado su nombre.

Los profetas. Y, aunque no se menciona ninguno de sus nombres en específico o en particular, Jesús no los incluiría en una historia ficticia. Los siguientes versículos demuestran el respeto que el pueblo judío sentía y expresaba por los Profetas:

«No penséis que he venido para abrogar la ley [Moisés] o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir» (Mt. 5.17).

«porque esto es la ley y los profetas» (Mt. 7.12).

«De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas» (Mt. 22.40).

«¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? ¡Y los profetas murieron! ¿Quién te haces a ti mismo?» (Jn. 8.53).

«Vosotros sois los hijos de los profetas» (Hch. 3.25).

«Y después de la lectura de la ley y de los profetas, los principales de la sinagoga mandaron a decirles: Varones hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad» (Hch. 13.15).

Lázaro. Jesús no inventaría un nombre ficticio para ligarlo a tres nombres tan respetados por los judíos como lo son Abraham, Moisés y los Profetas. Esto le hubiera restado importancia a la trascendencia del liderazgo que estos hombres de Dios habían tenido.

2. Acerca del mendigo Lázaro, Jesús menciona que, después de haber muerto, fue llevado por los ángeles al seno de Abraham (vrs. 22). Esto implica que, antes del Señor haber muerto y haber resucitado, había un lugar, en el centro de la tierra, en dónde las almas de los justos que habían muerto iban a morar, y Abraham era el encargado de consolarlos. ¿Consolarlos de qué? De que vendría un Redentor que los sacaría de ese lúgubre lugar (Job 19.25-27) y los llevaría a un lugar de luz (Jn. 14.2-3).

Precisamente era a este sitio —al seno de Abraham— a donde Jesús prometió que llevaría al ladrón arrepentido (el que estaba en una cruz junto a Él, Lc. 23.40-43) cuando éste muriera. Cuando Jesús dijo: «De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso», se estaba refiriendo al lugar de descanso para los espíritus de los justos ubicado en el centro de la tierra, al cual el Señor llamó: el seno de Abraham. Recordemos que Jesús no ascendió al cielo inmediatamente después de Su muerte, sino que pasó tres días y tres noches en el centro de la tierra (Mt. 12.40; compárese con Sal. 16.10; Hch. 2.25-31). Así que, al haberle dicho a ese ladrón que estaría con Él en ese mismo día (hoy) en el paraíso, se estaba refiriendo al centro de la tierra, en donde también se encontraban Abraham (y Lázaro) y todos los justos que murieron durante la época del Antiguo Testamento.

[NOTA: Antes del Señor resucitar, trasladó el paraíso (el seno de Abraham) al cielo. «Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad [las almas de los justos que estaban «prisioneras» en el centro de la tierra], y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo» (Ef. 4.8-10)]

3. El rico, después de haber sido sepultado, abrió sus ojos en el Hades (vrs. 23) —estando en tormentos. Esto nos habla de la existencia después de la muerte (Mt. 10.28). El cuerpo de quien muere alejado de Dios es sepultado (como todos los demás), pero su alma entra en la eternidad —una eternidad de tormentos.

4. El rico reconoció a Abraham y a Lázaro, pero, no obstante encontrase en el mismo lugar (el centro de la tierra), se hallaba en un área que estaba separada —por una gran sima— del área en donde estaban Abraham y Lázaro. Él estaba en el mismo sitio donde se encontraban las almas de todas las personas que murieron alejadas de Dios durante la época veterotestamentaria; los mismos espíritus a los que Cristo les fue a predicar mientras Él estuvo en el centro de la tierra (véase 1Pedro 3.19-20).

El hecho de que el rico haya recordado quienes eran Abraham y Lázaro demuestra que la memoria y la conciencia no dejan de existir después de la muerte. El cerebro NO ES la mente del ser humano, solamente es el órgano físico mediante el cual la mente del espíritu puede fabricar sus pensamientos y puede, también, expresarlos (usando la boca). La Biblia dice que Dios tiene mente (Ro. 11.34; 1Co. 2.16), pero que Él es Espíritu (Jn. 4.24); y un espíritu no tiene cuerpo (Lc. 24.39). Así que, en esta narración podemos ver a un hombre impío que murió y que fue sepultado, y que despertó —en su espíritu— solo para darse cuenta que estaba en el infierno, pudiendo aún recordar su pasado y el estilo de vida que llevó mientras estaba vivo en la tierra.

5. De la misma manera en la que un espíritu puede pensar (tiene mente) sin tener cerebro, también puede hablar sin tener la boca que tenía cuando tenía su cuerpo. La narración dice que el rico daba voces pidiendo a Abraham que tuviera misericordia de él (vrs. 24). Las palabras son pensamientos expresados a través de sonidos fonéticos producidos por la lengua a los cuales llamamos idiomas, lenguajes o dialectos. El cuerpo —y todo lo que podamos hacer a través de él— es solo el medio físico y visible que el espíritu usa para expresarse (mediante diferentes maneras) en esta vida.

6. Además del tormento mental (los recuerdos de la vida antes de llegar al infierno), el tormento es también físico. ¿Físico? ¿Acaso no habíamos establecido que un espíritu no tiene cuerpo? ¿Cómo, pues, puede un espíritu sufrir tormento físico? Jesús dijo que en el infierno «el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga» (Mr. 9.44).

El espíritu no conoce leyes de la física; estas son para el cuerpo. Así como existe el fuego material, existe también el fuego que puede atormentar al espíritu. El mismo Dios que ha permitido la combustión, puede también crear un fuego que atormente al espíritu del ser humano, o pudo haber creado el espíritu humano sensible al fuego pese a no estar habitando más en el cuerpo. Si el descanso existe para el espíritu (en el paraíso), también existe el tormento —con recuerdos y fuego, y en el Hades— para los espíritus de los seres que no quisieron a Dios como Salvador.

La narración dice que el rico le suplicaba a Abraham que enviara a Lázaro para que mojara la punta de su dedo en agua, y refrescara su lengua; porque estaba siendo atormentado en una llama (vrs. 24). ¿Lengua; puede un espíritu tener lengua? 1Pedro 3.18-20 dice que Cristo, en espíritu (mientras Su cuerpo estaba en el sepulcro) fue (al centro de la tierra) a predicar a los espíritus de las personas que habían vivido durante la época del A.T. (el tiempo de Noé). Si el Señor (sin Su cuerpo) les predicó a tales espíritus, entonces tenía «una lengua», pero una lengua «espiritual». El espíritu no necesita del cuerpo para poder expresarse a no ser que sea en esta tierra. El espíritu puede hablar sin el cuerpo; el cuerpo es solo necesario en la tierra.

Dice el capítulo seis del libro de Apocalipsis que cuando el Cordero abrió el quinto sello, Juan vio bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían; es decir, las almas de las personas que el Anticristo asesinó por ellas haberse negado a adorarle. El pasaje continúa diciendo que éstas clamaban a Dios pidiendo que Él vengase sus muertes. Y cuenta la Escritura que se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos (vrss. 9-11).

En este relato podemos observar que:

○ Juan vio almas de seres que ya habían muerto

○ estas almas clamaban y pedían

○ se les dieron vestiduras blancas

○ se les dijo (entonces también oían)

○ que descansasen (sentían el reposo que recibían de parte de  Dios en ese lugar de descanso)

Podemos, pues, apreciar en esta narración que los espíritus pueden ver, oír, hablar, recordar y sentir. Tomemos en cuenta que el ser humano es tripartito; tiene espíritu, alma y cuerpo. El espíritu es el que está consciente de Dios, el alma es la que está consciente de uno mismo, y el cuerpo es el que está consciente —a través de los cinco sentidos— del hábitat en el que vivimos mientras existimos en esta tierra. El espíritu y el alma son inseparables, pues el espíritu es la (o el que le da) vida al alma.

La historia del rico y Lázaro está plagada de muchas enseñanzas bíblicas paralelas de gran trascendencia. Es, por ende, imposible creer que simplemente se trata de una parábola. Es importante notar que en ninguna de las parábolas Jesús mencionó nombres propios —por más relevante que haya sido la moraleja del relato. No obstante, en esta historia el Señor mencionó los nombres de tres personajes, dos de los cuales la Biblia nos revela toda la historia de sus vidas e incluso sus líneas genealógicas —Abraham y Moisés. De modo que podemos concluir aceptando que la narración que Jesús hizo del rico y Lázaro es un hecho histórico y no una parábola —mucho menos una fábula o cuento de ficción.

diciembre 6, 2018 Posted by | Interpretaciones Bíblicas | Deja un comentario