Equipando La Mente

Deleitarse En Dios.

—Un Punto Clave Para Que Él Conteste Nuestras Oraciones Y Cumpla Nuestros Deseos.

Un principio bíblico que tenemos que aprender si queremos que Dios conteste nuestras oraciones y cumpla nuestros deseos es: deleitarnos en Él.

«Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón» (Sal. 37.4).

En este verso encontramos tres palabras claves: deléitate, asimismo, peticiones. De la primera nos ocuparemos más adelante. La segunda está conectada a confía, del verso tres. Confía es sinónimo de fe y esperanza. La tercera palabra es sinónimo de oración.

Lo que este versículo dice en términos equivalentes es: De la misma manera (asimismo) que tienes fe (confía, vrs. 3) en Jehová, también (asimismo) deléitate en Él, y Él contestará (concederá) las oraciones (peticiones) que le hayas hecho (de tu corazón).

Deleitarse es sinónimo de disfrutar, que conectándolo con Dios significa: disfrutar de Su Persona, de quien es Él, de Su amistad y de todas las virtudes que la acompañan: Su bondad, Su benignidad, Su fidelidad, Su amor, y muchas cosas más. Es disfrutar de Su presencia, y del gozo con el que Él nos llena. Es como el deleite y la satisfacción que se siente cuando uno está acompañado de la persona que uno más ama —y es recíproco a la vez.

¡Basta Su presencia para uno sentirse alegre, gozoso, satisfecho; para uno deleitarse!

«Me mostrarás la senda de la vida;
En tu presencia hay plenitud de gozo;
Delicias a tu diestra para siempre» (Sal. 16.11).

Es estar satisfecho con todo lo que Él ha hecho con uno y por uno, y estar satisfecho con todas las cosas que Él nos ha dado.

«El rey se alegra en tu poder, oh Jehová;
Y en tu salvación, ¡cómo se goza!
Le has concedido el deseo de su corazón,
Y no le negaste la petición de sus labios» (Salmo 21.1-2).

Debemos deleitarnos al orar, sabiendo que hay un Dios amoroso que nos oye. Pero también debemos deleitarnos después de orar, pues el mismo Dios a quien hemos orado contestará nuestras plegarias.

«Deléitate asimismo en Jehová,
Y él te concederá las peticiones de tu corazón» (Salmo 37.4).

Deleitémonos al leer las Escrituras. ¡Qué hermoso es saber que nuestro Dios nos ha dejado un manual de instrucciones para orientar, aconsejar y dirigir nuestras vidas por el camino que Él diseñó para nosotros! No estamos desprovistos del cuidado divino. Todo lo que necesitamos saber para vivir en este siglo presente y para vivir para Dios se encuentra en el Libro Sagrado: La Santa Biblia.

«Bienaventurado el hombre que teme a Jehová,
Y en sus mandamientos se deleita en gran manera.
Su descendencia será poderosa en la tierra;
La generación de los rectos será bendita.
Bienes y riquezas hay en su casa,
Y su justicia permanece para siempre» (Salmo 112.1-3).

Deleitémonos cuando estamos en la iglesia, durante el culto congregacional que Le rendimos a Dios. «Mi pie ha estado en rectitud; en las congregaciones bendeciré a Jehová» (Sal. 26.12). ¡Qué bueno es saber que no estamos solos en este mundo, ni que somos los únicos en servir a Dios! El Señor tiene pueblo numeroso que Le teme y Le sigue. ¡Somos parte de ese pueblo! Pertenecemos a Su familia. Somos los hermanos de Cristo (Mt. 12.50; 25.40; 28.10), hijos también de Su Padre, de nuestro Padre Celestial (Jn. 20.17), y hermanos los unos de los otros (Mt. 23.8; Lc. 22.32).

Es de sumo gozo pertenecer a una familia gigante. Es grato saber que la iglesia local con la que nos congregamos comparte los mismos logros, las mismas luchas, sufrimientos y victorias (Gá. 6.2, 10; 1P. 5.9).

Y si seguimos elaborando, la lista sería exhaustiva. Tenemos que deleitarnos en todo, en lo que somos y en lo que hacemos. Aun en las cosas de carácter secular, como, por ejemplo, el trabajo o el empleo que tenemos. Pese a lo incómodo o tedioso que resulte ser, es el medio que Dios nos suplió para que podamos proveernos de las cosas que necesitamos. De paso, debe añadirse que del fruto de ese trabajo —el dinero— es del que Le ofrendamos a Dios. Así que, en vez de quejarnos, deleitémonos de que Él nos suplió un medio mediante el cual, no solo podemos suplir nuestras necesidades, pero también podemos adorarle, y esto, haciendo uso del dinero.

Cuando uno se deleita en Él, uno no se queja de las circunstancias adversas porque sabe «que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien (…)» (Ro. 8.28a). Tampoco se queja de lo que no tiene. Esta fue la falla o la debilidad de Eva (y Adán). Teniendo tantos árboles para comer —incluso el árbol de la vida— lamentaba que Dios le hubiese prohibido uno solo. No tomó en cuenta todos los demás árboles que Él les había concedido, y los animales, y toda la tierra. Por una sola simple cosa, y una insatisfacción y una queja, las consecuencias fueron desastrosas para ellos, y para toda la humanidad.

Y así hacemos nosotros también, en ocasiones fijamos la atención en lo poco que no tenemos o que nos falta, y solo por ese poco menospreciamos lo mucho que Dios nos ha dado y ha hecho por nosotros.

Tenemos que aprender a estar contentos con lo que tenemos.

«Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento;
porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.
Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto»
(1Ti. 6.6-8).

«Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré» (He. 13.5).

«Todos los días del afligido son difíciles; 
Mas el de corazón contento tiene un banquete continuo» (Pr. 15.15).

«De sus caminos será hastiado el necio de corazón; 
Pero el hombre de bien estará contento del suyo» (Pr. 14.14).

«No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad» (Fil. 4.11-12).

Cuando aprendamos esto, nos deleitaremos en Dios, y podremos decir como el apóstol Pablo: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Fil 4.13).

El gozo, la paz, el amor que Dios ha depositado en nuestros corazones, el don de Su Hijo y del Espíritu Santo, son demasiadas bendiciones como para que nos quejemos de cosas insignificantes o de segunda categoría. No hagamos como hicieron los hebreos en el desierto, que vivieron los cuarenta años de su peregrinaje quejándose. Con nada estaban conformes. Dicho sea de paso, el viaje iba a ser de tres días (Ex. 5.3), pero, por causa de murmuración, se convirtió en cuarenta años (Nm. 14.33), y miles perecieron en el desierto, y no entraron en el reposo de Dios (He. 3.17-18).

¿Cuánto tiempo hace que no tenemos paz en el corazón, y nuestro espíritu no reposa en el Señor? ¿Cuánto tiempo llevamos caminando y vagando en el desierto de la insatisfacción; dando vueltas en el mismo círculo o nivel de vida espiritual?

Nosotros encontraremos paz y reposo espiritual cuando aprendamos a deleitarnos en Él y con Él. Cuando aprendamos a deleitarnos en Dios, nuestros deseos serán cumplidos. Él los realizará por nosotros.

«Porque entonces te deleitarás en el Omnipotente,
Y alzarás a Dios tu rostro.
Orarás a él, y él te oirá;
Y tú pagarás tus votos.
Determinarás asimismo una cosa, y te será firme,
Y sobre tus caminos resplandecerá luz».

(Job 22. 26-28)

[Este artículo es una porción extraída del Libro electrónico (eBook): Dios Cumplirá Tu Deseo.]

marzo 22, 2022 - Posted by | Reflexiones Bíblicas | , , , , ,

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