Equipando La Mente

El Padre Nuestro No Es Tan Solo Una Oración, También Es Una Revelación.

—Una Sinopsis.

Parte 1

Mateo 6:

9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Jesús no solo nos enseña a orar a través de este modelo de oración, sino que también nos revela grandes verdades espirituales. El Padre Nuestro es una oración que, además de acercarnos a Dios en busca de refugio, ayuda y consuelo, nos revela las profundidades de la sabiduría de Dios, Su poder, Su gloria, Su amor y Su carácter. Dios ha sido siempre exaltado. Dios sigue siendo exaltado. Dios será siempre exaltado.

1. Padre. Jesús nunca llamó a Dios por un Nombre Propio. Algunos nombres de Dios son: ELOHIM (en plural, representando y revelando la Divina Trinidad, véase Dt. 32.39): Dios «Creador, Todopoderoso y Fuerte» (Gn. 17.7; Jer.31.33); YHVH, YAHWEH: Jehová, SEÑOR (YO SOY, Ex. 3.14); EL SHADDAI: «Dios Todopoderoso, El Fuerte de Jacob» (Gn. 49.24; Sal. 132.2, 5). Pese a que Dios ya era conocido por Su pueblo por varios y diversos nombres, Jesús siempre Lo llamó y Lo reconoció como Su Padre.

Padre, en su significado más amplio, describe a Dios como el Productor de todas las cosas y el Creador del hombre: Padre Creador. De manera que, en lo que a creación respecta, todo puede ser denominado descendencia o producto de Dios. Él es el Creador de todas las cosas, tanto visibles como invisibles. Dios creó los cielos y la tierra, ángeles y a los seres humanos.

2. Nuestro. Pero Dios es Padre espiritual solamente de aquellos que son hermanos espirituales de Su Hijo Jesús; de aquellos que le recibieron como Salvador. «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios» (Jn. 1. 12-13). «Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre» (Mr. 3.35). «El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen» (Lc. 8.21).

Todos somos Sus criaturas, pero no todas Sus criaturas son Sus hijos, así como tampoco Él es Padre de todos. Por ejemplo, en una ocasión, cuando los fariseos alegaban ser hijos (descendientes) de Abraham, Jesús les respondió: «Vosotros hacéis las obras de vuestro padre A lo que los fariseos replicaron: «(…) un padre tenemos, que es Dios.» El Señor les respondió: «Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira» (Jn. 8.37-44).

A esto, el apóstol Juan añade: «El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios» (1 Jn. 3.8a,10). Tómese en cuenta que Juan se está refiriendo a la práctica del pecado —como estilo de vida— y no a la fragilidad humana que incluso los cristianos tenemos, con la que, muchas veces, e involuntariamente, le fallamos a Dios. Hay una diferencia entre pecar y practicar el pecado. En cuanto a pecar, el mismo Juan (bajo inspiración del Espíritu Santo, obviamente) dice: «Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros» (1.8-10). Pero en relación a practicar (permanecer haciendo) el pecado, la aseveración es que «el que practica el pecado es del diablo

Con palabras como: «vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre [el diablo]», «vosotros hacéis las obras de vuestro padre [el diablo]» y «los deseos de vuestro padre [el diablo] queréis hacer», Jesús, con toda obviedad, enseña claramente que no todas las criaturas que Dios creó son Sus hijos, y que el estilo de vida que elijamos seguir define quién es nuestro padre. Si elegimos continuar viviendo (practicando) una vida sumergidos en el pecado, y no nos arrepentimos y no nos convertimos a Cristo, indiscutiblemente, Dios no es nuestro Padre.

3. Que estás en los cielos. El cielo es el trono de Dios. «Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies» (Is. 66.1a). Él mora en los cielos, y específicamente en el tercer cielo. «Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos [1er cielo], los cielos [2do cielo] de los cielos [3er cielo], no te pueden contener» (1 R. 8.27).

Y desde los cielos Dios oye, ve, tiene conocimiento y control de todo lo que ocurre en la tierra y en el universo: «Jehová está en su santo templo; Jehová tiene en el cielo su trono; Sus ojos ven, sus párpados examinan a los hijos de los hombres» (Sal. 11.4).). «Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?» (Dn. 4.35).

Nuestro Padre desde el cielo nos bendice (Dt. 26.15; Gn. 49.25; Ef. 1.3), nos ayuda (Sal. 34.17-18), nos consuela (Sal. 34.19), nos salva (Neh. 9.27; Sal. 20.6; Sal 57.3; 91.11-12, y nos protege.

Y algún día, al final de nuestra jornada terrenal, estaremos con Él permanentemente en los cielos. «En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Jn. 14.2-3).

4. Santificado sea tu nombre. El nombre de Dios revela Su carácter. Si Él santo, Su Nombre también lo es. Dios es Santo; esto es: Único, distinto, especial, y sin pecado. Tenemos, pues, que santificar Su Nombre, es decir, tratarlo como lo que él es: único, distinto, especial; sin pecado. No podemos tratar el Nombre de Dios ordinariamente, comúnmente o corrientemente, sino santamente, de manera especial porque él (Su Nombre) es santo. «No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano» (Ex. 20.7).

Acerca de Su nombre Dios dice: «y me mostraré celoso por mi santo nombre» (Ez. 39.25c). Dios dijo a los levitas: «Y no profanéis mi santo nombre, para que yo sea santificado en medio de los hijos de Israel. Yo Jehová que os santifico» (Lv. 22.32). David exhortó a los israelitas: «Dad a Jehová la honra debida a su nombre» (1 Cró. 16. 29a).

5. Venga Tu Reino. Ese reino ya está en la tierra, en medio nuestro, de forma espiritual. «Porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros» (Lc. 17.21b). Nosotros somos los representantes de ese reino. «Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí» (Lc. 22.29). «Y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria» (1Ts. 2.12). Solo hay que esperar que ese reino se manifieste de manera completa. Esto sucederá durante el retorno visible de Cristo (Ap. 19.11-21), cuando Él establecerá Su Trono en la tierra por un periodo de mil años (cp. 20.4), luego del cual —y después del juicio ante el Gran Trono Blanco (o Juicio Final, cp. 20.11-15)— el reino será trasladado (o continuará) en la Nueva Jerusalen (cp. 21).

Mientras tanto, debemos dedicarnos a expandir este reino. «Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia» (He. 12.28). Y eso lo hacemos predicando el evangelio al mundo, para que los que aún no son de este reino, vengan a formar parte de él. «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura» (Mr. 16.15). «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén» (Mt. 28. 19-20).

6. Hágase tu voluntad. La voluntad de Dios es la prioridad del cristiano. Y esa voluntad es nuestra santificación —que nos apartemos de toda inmundicia y contaminación del cuerpo, de la mente, del alma y del espíritu. «Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación» (1 Tes. 4.3a). «Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios» (2 Co. 7.1). «Para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios» (1P. 4.2).

Dios quiere que vivamos apartados del pecado y consagrados a Jesús.

7. Como en el cielo, así también en la tierra. Todas las criaturas celestiales obedecen a Dios. Aun Jesús, mientras estuvo en la tierra, hizo la voluntad del Padre. «Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra» (Jn. 4.34). «No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre» (Jn. 5.30). «Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió» (Jn. 6.38).

Nosotros, pues, tenemos que hacer Su voluntad. «Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor» (Ef. 5.17). Nada debe impedir que agrademos a Dios, y esto se logra haciendo Su voluntad. «Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada» (Jn. 8.29).

octubre 7, 2017 Posted by | Interpretaciones Bíblicas | Deja un comentario

¿Cuándo Comienza La Vida Eterna? —Parte 4 (Final)

La Vida Eterna Comienza Aquí, En La Tierra… ¡y con el cuerpo que actualmente tenemos!

13. Ahora bien, la vida eterna comienza en el momento que conocemos a Jesús (estando en nuestros cuerpos mortales), pero continúa o se extiende después de la muerte. Es ahí donde esta vida eterna pasa —parcialmente— a la eternidad con Dios.

  • “El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará (Juan 12.25).

  • “Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna (Gálatas 6.8).

  • “Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 6.22-23).

  • “(…) y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna (Hechos 13.48).

  • “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (Juan 3.15).

  • “conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna (Judas 21).

¿Por qué dije, al principio de este punto, que después de la muerte la vida eterna pasa —parcialmente— a la eternidad con Dios? ¿Por qué lo de parcialmente? Porque la vida eterna incluye el cuerpo, y la muerte lo destruirá (temporalmente), pues el cuerpo que actualmente tenemos es corruptible; entonces continuaremos la vida eterna en el paraíso, sin cuerpo (de ahí lo de parcialmente), hasta que Dios lo resucite y lo transforme, para entonces continuar viviendo la vida eterna en la eternidad con Dios, y con el cuerpo transformado. De esto nos ocuparemos en el próximo punto, pero para mientras: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria” (1Corintios 15.51-54).

14. ¿Y qué del cuerpo; acaso no estamos supuestos a entrar a la vida eterna en alma y cuerpo?

Para COMENZAR a disfrutar de la vida eterna NO NECESITAMOS morir y entrar al paraíso, o ser resucitados con un cuerpo transformado e inmortal. Ya sabemos lo que dijo Jesús, que la vida eterna comienza cuando creemos en Él: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6.47). De esto se discutió ampliamente al principio de este articulo (véase la Parte 1 de esta publicación).

La vida eterna comienza en el presente (con este cuerpo, cuando creímos), continúa en el paraíso (sin este cuerpo), y trasciende o se extiende —para siempre— en la resurrección, cuando Dios nos devuelva el cuerpo, pero transformado, para vivir eternamente con Él esta vida eterna que ya hemos comenzado a vivir.

  • “Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero (Juan 6.40).

  • “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero (Juan 6.54).

  • vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad (Romanos 2.7).

  • “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (1Corintios 15.53).

enero 31, 2017 Posted by | Interpretaciones Bíblicas, Teología | Deja un comentario

¿Cuándo Comienza La Vida Eterna? — Parte 2

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La Vida Eterna Comienza Aquí, En La Tierra… ¡y con el cuerpo que actualmente tenemos!

4. ¿Sabes en qué consiste la vida eterna?

La vida Eterna no consiste solamente en NO MORIR; esto es inmortalidad, y forma parte de lo que Cristo logró para nosotros con su muerte: “(…) nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio (…)” (2 Timoteo 1.10).

La vida eterna consiste en conocer a Dios el Padre y a Jesucristo Su Hijo. Jesús lo dijo así: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17.3).

5. ¿Y sabes por qué la vida eterna consiste en conocer a Dios el Padre y a Jesucristo Su Hijo?

a. Porque Dios es la vida eterna: “Este es el verdadero Dios, y la vida eterna(1 Juan 5.20). [Véase el punto No.1.]

b. Si  Dios es la vida eterna, entonces en Él está la vida eterna. De manera que quien conoce y tiene a Dios como su Salvador, tiene la vida eterna. Se necesita a Dios para tener vida eterna. “este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5.11-12). [Véase el punto No. 2.]

c. Si adoramos y servimos a un Dios que es Eterno, necesitamos la eternidad para conocerlo plenamente. Dicho esto en otros términos equivalentes, Si Dios es eterno, se necesita (de) la eternidad para conocerlo. Se necesita a Dios para tener la vida eterna y se necesita la vida eterna para conocer a Dios.

6. ¿Y sabes qué significa conocer a Dios?

En el lenguaje bíblico, conocer —entre las distintas aplicaciones que tiene— es una palabra que también se usa para referirse a la intimidad que se tiene con alguien dentro de una relación. Por ejemplo, dentro del matrimonio se usaba para referirse a la intimidad sexual que existía entre una pareja.

  • Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín (…)” (Génesis 4.1).

  • “Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc” (Génesis 4.17).

  • “Y conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set” (Génesis 4.25).

7. Cuando la palabra conocer es usada en relación a Dios, significa tener una relación espiritual íntima con Él y con Su Hijo.

  • “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14.17).

  • “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2 Timoteo 2.19). La frase Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” indica la clase de relación íntima que debemos tener con Dios; una vida de santidad, de separación para Él.

  • “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios (1 Juan 4.7). El amor que tenemos por los demás indica si en verdad tenemos una relación íntima con Dios, pues, el que ama a Dios, tiene que también amar a los demás, porque: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1 Juan 4.20). Además: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13.35).

La mejor definición para entender el significado que la palabra conocer tiene, en términos de la intimidad espiritual que debe existir entre un individuo y Dios, se encuentra en las palabras que nuestro Señor Jesucristo dijo en los siguientes pasajes bíblicos.

  • “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7. 21-23).

  • “Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois.Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad. Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos (Lucas 13. 24-28).

En estos versos podemos apreciar cómo no todos los que dicen conocer a Dios realmente lo conocen. Con palabras como “apartaos de mí hacedores de maldad”, es fácil notar que la relación que estas personas tenían con el Señor no era genuina, pese a las cosas que ellas alegaban hacer (hablar en lenguas, hacer milagros, etc.). Pues, la respuesta que Él les da: “Nunca os conocí” y “No sé de dónde sois”, muestra claramente que no existía tal clase de relación entre ellos y Dios.

Con la frase sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, nuestro Señor Jesucristo define en qué consiste la relación íntima que Dios quiere que tengamos con Él; una relación en la que Sus hijos conocen lo que su Padre quiere y lo que a Él le agrada que hagamos. Esta era la clase de relación que Jesús tenía con el Padre.

  • “así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre (…)” (Juan 10.15).

  • “Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada (Juan 8.29).

Y esta es la clase de relación que Jesús identificó como la que realmente determina si en verdad conocemos a Dios y tenemos intimidad con Él.

  • “Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen (Lucas 8.21b).

  • “Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre (Mateo 12.50).

Bien sabemos que un hermano, una hermana y una madre son personas con quienes nuestra relación es de carácter íntimo. Es por eso que nuestro Señor, a través de estas palabras, simplemente nos está indicando que quienes pretendemos, pretendamos —o queramos— tener una relación íntima con Dios, tenemos que hacer Su voluntad; y que una íntima relación con Dios es hacer (y se consigue) haciendo la voluntad de Dios.

Pero para hacer la voluntad de Dios, primeramente hay que conocerla.

  • “Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Efesios 5.17).

  • “(…) para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12.2b).

  • “(…) que seáis llenos del conocimiento de su voluntad (…)” (Colosenses 1.9).

  • “dándonos a conocer el misterio de su voluntad” (Efesios 1.9a).

  • “(…) El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad” (Hechos 22.14).

Conocer la voluntad de Dios es el primer paso que nos llevará a tener una relación íntima con Él, pero hacer Su voluntad es lo que realmente nos une a Él en esta clase de relación, y es lo que determina si realmente Le conocemos. Esto último es lo que Jesús claramente dio a entender con las frases: sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos; y entonces les declararé: Nunca os conocí; No sé de dónde sois. Nótese cómo en estas frases, el verbo conocer está relacionado a hacer la voluntad de Dios.

8.  ¿En qué consiste tener una relación espiritual íntima con Dios?

Consiste en dos cosas, a saber:

a. en descubrir y saber Quién y cómo es Dios (Su naturaleza: Eterno, Omnipotente, Omnisciente, Infinito, etc., etc. Su carácter: bondadoso, misericordioso, amoroso, Santo, Justo, etc., etc.)

b. en adorarle, buscarle, obedecerle y someterse a Su Voluntad. (Véase el punto No.13; en la próxima publicación.)

(He escrito y publicado otros artículos más extensos en una sola pieza en este blog, pero como algunas personas me han dicho que algunas de mis entradas son muy largas, he decidido dividirlas y publicarlas en varias partes para hacer más fácil y más amena su lectura.)

enero 17, 2017 Posted by | Interpretaciones Bíblicas, Misceláneas | Deja un comentario

¿Cuándo Comienza La Vida Eterna? — Parte 1

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La Vida Eterna Comienza Aquí, En La Tierra… ¡y con el cuerpo que actualmente tenemos!

La vida eterna NO COMIENZA después que uno muere. Lo que comienza después de la muerte es la eternidad —con Dios, si nos rendimos a Él mientras estábamos en vida; o en el infierno, si rechazamos adorarle y servirle.

Interesantemente, la vida eterna COMIENZA desde el mismo momento que uno cree en Jesús y Lo acepta como Salvador. Jesús dijo:

  • “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6.47). Nótese que Él NO DIJO tendrá vida eterna, sino “tiene” vida eterna —tiempo presente.

  • El que cree en el Hijo tiene vida eterna (…)” (Juan 3.36).

  • “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida (Juan 5.24).

  • “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” (1 Juan 5.13).

  • “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10.28).

1. ¿Y sabes por qué la vida eterna comienza en el mismo momento en el que uno cree en Jesús?

Porque Jesús es la vida eterna.

  • “(porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó)” (1 Juan 1.2).

  • “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna(1 Juan 5.20).

2. Jesús es la vida eterna, y por lo tanto, recibirlo a Él es recibir la vida eterna, pues en Él está la vida eterna.

  • “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo (1 Juan 5.11).

De manera que, tener a Jesús es tener la vida eterna en el presente.

3. ¿Cómo o cuándo comienza la vida eterna?

Ya se dijo que la vida eterna comienza en el preciso momento en el que creímos en Jesús y lo recibimos como Salvador. Ahora bien, el proceso es el siguiente:

a. La vida eterna comienza con la resurrección de nuestro espíritu, que estaba muerto: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2.1).

b. Esta resurrección ocurre o toma parte durante el nuevo nacimiento: “Os es necesario nacer de nuevo. (…) el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. (…) el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3.7, 3, 5).

El agua es símbolo de la Palabra de Dios: “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra (Efesios 5.26) y del Espíritu Santo: “(…) de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él (…)” (Juan 7. 38-39). En este verso los dos se mencionan para describir el papel que ambos desempeñan en el nuevo nacimiento.

El nuevo nacimiento es obra del Espíritu Santo, Quien usa el agua —la Palabra de Dios, que fue implantada en nosotros a través del mensaje que escuchamos, que nos fue predicado: “(…) la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas” (Santiago 1.21) —y Él, conjuntamente con la Palabra, nos hizo nacer de nuevo:

  • “El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad (…)” (Santiago 1.18).

  • siendo renacidos, (…) por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1Pedro 1.23).

  • “nos salvó, (…) por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo (Tito 3.5).

c. En este proceso, Dios nos imparte la vida de Cristo:

  • “este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5.11-12).

  • “aun estando nosotros muertos en pecados,  nos dio vida juntamente con Cristo (Efesios 2.5).

Si la vida que Dios nos impartió es la vida de Cristo (Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo), entonces es vida eterna, pues Jesús es la vida eterna.

  • “(…) y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna (1Juan 5.20).

  • y El que tiene al Hijo, tiene la vida. (vrs. 12a).

(He escrito y publicado otros artículos más extensos en una sola pieza en este blog, pero como algunas personas me han dicho que algunas de mis entradas son muy largas, he decidido dividirlas y publicarlas en varias partes para hacer más fácil y más amena su lectura.)

enero 12, 2017 Posted by | Interpretaciones Bíblicas, Misceláneas | 1 comentario

Sentado En Los Lugares Celestiales… ¡la posición desde donde operamos!

realistic planet earth in space“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:4-6. Versión Reina-Valera 1960).

De lo que este pasaje bíblico habla es de nuestra posición en Cristo; el lugar espiritual en donde Él nos puso. Ahora bien, en tiempo real nuestros pies están aquí, sobre la faz de la tierra. Pero el verso dice que estamos sentados en el cielo con Jesús. ¿Cómo, pues, podemos explicar esto? Lo que esto quiere decir es que esta vida cristiana que vivimos aquí en la tierra, en este cuerpo, opera desde los lugares celestiales, de arriba hacia abajo; tiene su origen en el cielo. Lo que ocurre en los lugares celestiales se manifiesta —o lo manifestamos— aquí en la tierra.

La vida nueva es una vida divina; es decir, proviene de Dios. Es una vida sobrenatural; es la vida de Cristo. “Ya no vivo yo mas vive Cristo en mí” (Ga. 2.20). Cristo tiene su trono en el cielo; estamos sentados con Él en el cielo. Su vida se manifiesta desde el cielo en nosotros y a través de nosotros aquí, en la tierra. Eso es lo que dice el verso seis, que Dios nos dio vida y nos sentó con Cristo en los lugares celestiales, y desde ahí funcionamos espiritualmente.

Todo lo que somos y lo que recibimos para ser y hacer viene desde el lugar en donde estamos sentados con Cristo. Ese es el cuartel general y el almacén espiritual del cristiano. Cuando estábamos muertos en delitos y pecados, estábamos en la tierra; ahora estamos vivos desde el cielo. Es como la televisión vía satélite. El televisor está aquí, en la tierra, pero la transmisión viene del espacio, del cielo, a través del satélite que, desde allá, envía la señal digital, y el televisor la recibe aquí.

¿Quieres un ejemplo bíblico? Jesús dijo que todo lo que atemos en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatemos en la tierra, será desatado en el cielo (Mt. 18.18).

Independientemente del significado que pueda tener ‘todo’, atar y desatar tiene que ver con la autoridad que el cristiano puede ejercer aquí en la tierra, que le es otorgada desde el cielo. Es decir, nuestra actividad cristiana terrenal está conectada con la actividad espiritual que ocurre en los lugares celestiales. Lo que podemos hacer aquí es aprobado en el cielo porque desde allí fue que Dios lo predispuso.

Otro ejemplo:

La Biblia dice que somos reyes y sacerdotes. Ahora bien, ¿hay algún cristiano, miembro de una iglesia, que tiene un cetro en su mano derecha, una corona en su cabeza, y que está vestido con ropas reales, y está sentado en un trono, y está encargado de alguna ciudad o país? Fíjese que la Biblia dice que ‘somos’ reyes y sacerdotes; no dice que seremos reyes y sacerdotes.

¿Cómo es esto?

El rey era el encargado de que al pueblo se le enseñara la Palabra de Dios. El sacerdote era el responsable de ofrecer sacrificios de expiación por los pecados del pueblo y traer ofrendas de adoración. Rey simboliza autoridad, ley. Sacerdote simboliza adoración. La iglesia es responsable de ambas cosas; de enseñar la Palabra y de llevar al pueblo a la adoración a Dios.

Esto que ahora hacemos desde un carácter espiritual, un día cobrará sentido literal o visible y tangible. Lo que ahora hacemos sin cetro y corona, un día lo haremos con cetro y corona. Estaremos encargados de hacer lo que ahora hacemos en la iglesia durante el milenio; y después, en el mismo cielo.

Así que si la Biblia dice que somos reyes y sacerdotes, lo somos. Si también dice que estamos sentados en los lugares celestiales con Cristo, lo estamos. Simplemente estamos operando nuestra vida cristiana en un lugar temporario. Nuestra capital está en los cielos.

La Biblia dice que nuestra ciudadanía está en los cielos; que somos peregrinos y extranjeros en esta tierra. Que pongamos la mirada en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Que busquemos las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios (Col. 3. 1-2). ¿Sabes por qué? Porque arriba es que está el lugar celestial en donde estamos sentados  juntamente con Cristo.

Dios no nos sentó en los lugares celestiales con Cristo para que vivamos una vida inferior a la que Él diseñó para nosotros: la vida nueva, la vida de Cristo.

febrero 5, 2015 Posted by | Interpretaciones Bíblicas, Misceláneas | 9 comentarios

¿Puede Un Cristiano Morir Antes De Tiempo?

 

Lápida

Es obvio que una persona que vive un estilo de vida desordenada puede acortar sus años de vida. El individuo que incurre en el uso habitual y excesivo de drogas y alcohol es un buen candidato para morir antes de tiempo. Los mismos fabricantes de cigarrillos advierten al consumidor que fumar puede causar cáncer. Esto implica que quienes no fuman, no sólo pueden vivir más saludables, pero también pueden vivir por más tiempo. Aun el comer indebidamente —alimentos altos en grasa animal o saturada, azúcar refinada, sodio, embutidos, etc. — pueden producir enfermedades incurables como la diabetes, enfermedades del corazón, osteoporosis, cáncer, hipertensión arterial, entre otras, que pueden terminar con la vida de quienes la padecen.

Bíblicamente, en el ámbito espiritual sucede igual. La gente de Dios puede morir antes de tiempo.

Previo a la amplificación de este tópico, quiero mencionar que los malos, o los impíos (los pecadores, los que aún no han rendido sus vidas a Jesús), también pueden morir prematuramente. Las siguientes citas bíblicas pueden  demostrar la veracidad de este asunto.

“No hagas mucho mal, ni seas insensato; ¿por qué habrás de morir antes de tu tiempo?” (Ecl. 7:17).

“¿Quieres tú seguir la senda antigua que pisaron los hombres perversos, los cuales fueron cortados antes de tiempo (…)?”(Job 22:15-16a).

“No confíe el iluso en la vanidad, porque ella será su recompensa. El será cortado antes de su tiempo (Job 15: 31-32).

Estos pasajes explican por qué los impíos pueden morir antes de tiempo: por hacer el mal. Ahora bien, no sólo los malos pueden morir antes de tiempo, también los buenos pueden morir antes de tiempo, pero por razones diferentes: por no hacer lo que Dios ordena que tienen que hacer, por hacer lo que Él dice que no tienen que hacer, por manejar incorrectamente, desaliñadamente o irreverentemente las cosas divinas, o por cometer algún pecado aberrante. Todas estas acciones se pueden resumir en una de estas palabras: desobediencia, rebelión, irreverencia, profanación.

Un ejemplo de no hacer lo que Dios dice que tenemos que hacer, es lo que dijo Jesús: “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará (…) “(Jn. 15:2). La frase “en mí” claramente indica que el Señor se está refiriendo a los que creen en Él, a sus seguidores. El Señor amplificó lo dicho en este verso en la parábola de la higuera estéril:

6 Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló.

7 Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra?

8 Él entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone.

9 Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después. (Lc. 13: 6-9).

A veces Dios quita —o corta: término bíblico para referirse a matar o quitar la vida [véase Lv. 17:14; 22: 3; Ez. 14: 7-8]—de la tierra al cristiano que no lleva fruto para Él, más bien, y como dice el verso siete, “inutiliza también la tierra” (sirve de mala influencia a los demás dándoles mal ejemplo, además de agotar los recursos que otros pueden aprovechar); tampoco cumple el propósito para el que Dios lo llamó, y como dice Santiago 4.17: “al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.” Y la paga del pecado [para el redimido] puede ser muerte física.

El Pecado De Muerte: Qué Es, Y Quiénes Lo Cometen.

Otras veces Dios quita la vida al cristiano que hace algo que ofende tanto a Dios, o que tiene una conducta que sirve de tropiezo a la iglesia, que Él prefiere abreviar la vida a esa persona; decide que no merece estar más tiempo en la tierra. Esto es a lo que parece referirse Juan, y a lo que él llama pecado de muerte. Un pecado que quien lo comete provoca que Dios le aplique la muerte como disciplina drástica. Dios le perdona el pecado, pero no le permite vivir más sobre la tierra. Un hecho trágico, ya que esa persona, de no haber asumido esa conducta, hubiera vivido más tiempo, teniendo otras oportunidades de servir a Dios, de llevar más fruto, y de, al final, alcanzar mayor recompensa. El cristiano que muere antes de tiempo, independientemente de la causa por la que esto suceda, pierde el privilegio y la oportunidad de recibir mayor galardón en el día del tribunal de Cristo, el día de las recompensas.

“Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida. Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte” (1 Juan 5: 16-17).

Debe inferirse que el individuo que comete cualquiera de estas dos clases de pecado —el que no es de muerte y el que lo es— tiene que ser cristiano, ya que Juan se refiere a él como hermano. También debe entenderse que Juan hace alusión a muerte física como castigo inmediato por la grave ofensa cometida, y no a muerte espiritual o eterna. Esto fácilmente se puede deducir considerando lo que él mismo dice: Toda injusticia es pecado.” A lo que Pablo añade: “la paga del pecado es muerte” (Ro. 6:23). La paga del pecado del que Juan menciona no puede ser muerte espiritual ni eterna (como la que describe Pablo), ya que es bien sabido que ser cristiano no garantiza que nunca vayamos a pecar. El mismo Juan lo implica cuando dice Si alguno viere a su hermano cometer pecado (1 Jn. 5:17). Y, en otra parte, Juan también dice: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros” (1 Jn. 1: 8, 10). En el verso 9 de este mismo capítulo, Juan nos exhorta a confesar nuestros pecados, implicando, como ya él lo dijo en los versos anteriores, que los cristianos aún podemos pecar. A lo que Eclesiastés añade: “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque (Ec. 7:20).

Si cada vez que el cristiano peca muere espiritualmente (ni mencionar morir eternamente), nunca sería salvo, puesto que son muchas las faltas que cometemos en lo que llegamos a una edad espiritual madura en la que la tendencia a pecar es conquistada; además, el sacrificio de Cristo sería en vano, ya que la Biblia dice que Él murió una sola vez por el pecado.

“Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos (…) para salvar a los que le esperan” (He. 9:28).

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, (…) para llevarnos a Dios” (1 P. 3:18).

¿Has pensado alguna vez en el hecho de que Cristo murió una sola vez (de una vez por todas) por todos nuestros pecados cuando tú y yo aún no habíamos nacido? El poder de Su sacrificio no solo borra los pecados del pasado, sino que Su sangre tiene poder para limpiar los pecados del futuro —las faltas que mañana tal vez tú y yo podamos cometer. Los pecados que cometimos en el pasado, un día fueron los pecados del futuro, cuando todavía no los habíamos cometido. Si Él solo perdonara los pecados de hoy, mañana no seríamos salvos.

Un ejemplo de muerte física como disciplina drástica por cometer un pecado considerado grave o intolerable, es el que está registrado en:

1 Corintios 11: 27-34.

27 De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.

28 Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.

29 Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.

30 Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.

31 Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados;

32 mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.

33 Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros.

34 Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio.

La Santa Cena —la Última Cena, la Cena del Señor; u otros nombres con los que se conoce— había sido instituida por Jesús en memoria de Su muerte: “Haced esto en memoria de mí” (Lc. 22:19c; Mt. 26: 26-28). Quienes la celebramos y participamos de ella, anunciamos al mundo la muerte de Jesús “hasta que él venga” (1 Co. 11: 26).

En la iglesia de los corintios, muchos no supieron discernir la solemnidad de este evento ni la seriedad con la que se debía proceder para participar en esta Santa Celebración, y profanaban este acto mediante una conducta irreverente y mundana. Trataban la Cena del Señor como una comida cotidiana o corriente; no comían en sus casas, sino que esperaban el momento de congregarse para venir a mitigar el hambre usando los elementos de la Cena, el pan y el vino (11: 20-22). No tomaban en cuenta el propósito por la que la Cena había sido instituida ni a la Persona que la había instituido. El apóstol Pablo les reprendió: “Esto no es comer la cena del Señor” (v. 20).

Pero esta no era la única falta que los corintios cometían. Entre ellos había divisiones, y no las confesaban; tampoco se arrepentían a la hora de acercarse a participar de la Cena (v. 18). Pablo les advirtió que actuando así solo se congregaban para lo peor, para recibir castigo [juicio] (vs. 17, 34).

Sumada a la reprensión y a la advertencia de Pablo, está lo que él también dice en el verso 30: “Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.” Estas eran —y son— las consecuencias de haber tomado la Cena indignamente.” Unos habían enfermado y debilitado físicamente, y otros habían muerto.

En la Biblia, la palabra que frecuentemente se usa para referirse a la muerte del cristiano es dormir. Jesús la empleó cuando Lázaro murió:

11 Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle.

12 Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará.

13 Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño.

14 Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto. (Lc. 11:11-14)

En la iglesia de Corinto muchos de sus miembros murieron antes de tiempo por tomar la Cena del Señor indignamente, por profanar las cosas sagradas de Dios, esto es, por cometer un pecado de muerte. Esta debe ser una solemne advertencia para los que quedamos vivos, para que rindamos la debida reverencia a los asuntos divinos.

Entonces, hay pecadores que mueren antes de tiempo por hacer mucho el mal. Pero también hay cristianos que mueren antes de tiempo por hacer las cosas mal o por no hacer las cosas buenas que deben hacer.

“El temor de Jehová aumentará los días; Mas los años de los impíos serán acortados (Pr. 10:27).

Ejemplos de hombres malos que murieron antes de tiempo.

  1. Los hijos del profeta Elí.

1 Samuel 2: 12-25, 29, 34; 4:11.

12 Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová.

17 Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová.

22 Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión.

23 Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes.

24 No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová.

25 Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? (Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida. Juan 5:16b) Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir.

29 ¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel?

34 Y te será por señal esto que acontecerá a tus dos hijos, Ofni y Finees: ambos morirán en un día.

11 Y el arca de Dios fue tomada, y muertos los dos hijos de Elí, Ofni y Finees.

De acuerdo a los versículos 17 y 29, los hijos de Elí profanaban y menospreciaban los sacrificios y las ofrendas que el pueblo le ofrecía a Dios. El verso 22 menciona como fornicaban con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo; y como inducían —por medio del ejemplo— a la gente a hacer lo mismo (v. 24).  Esto desagradó tanto a Dios, que Él les quitó la vida. La maldad de ambos los llevó a que murieran antes de tiempo.

  1. Saúl.

(1 Crónicas 10: 4, 13-14)

Entonces dijo Saúl a su escudero: Saca tu espada y traspásame con ella, no sea que vengan estos incircuncisos y hagan escarnio de mí; pero su escudero no quiso, porque tenía mucho miedo. Entonces Saúl tomó la espada, y se echó sobre ella.

13 Así murió Saúl por su rebelión con que prevaricó contra Jehová, contra la palabra de Jehová, la cual no guardó, y porque consultó a una adivina,

14 y no consultó a Jehová; por esta causa lo mató, y traspasó el reino a David hijo de Isaí.

Fíjese que el verso 14 dice que Dios fue quien lo mató. Sin embargo, el verso 4 dice que Saúl se suicidó. ¿Alguna contradicción? No. ¿Cómo pues armonizamos las dos declaraciones?

A principio de su reinado, después que Saúl se había rebelado contra Dios, es decir, no había hecho las cosas según Dios las había prescrito (ver 1 S. 15: 23b- 24), y Dios lo había desechado, Dios le enviaba un demonio para atormentarlo (ver cp. 16: 14). Tal parece que después de Dios decidir que Saúl no era útil para nada, Dios le envió el mismo espíritu (demonio) para que éste sembrara en la mente de Saúl pensamientos suicidas, y así quitarlo de en medio, irónicamente, usando (Saúl) sus propios métodos, sus propias manos y su espada.

Fue por un espíritu malo que Saúl trató de matar a David (1 S. 18: 10-11; 19: 9- 10). Si fue por este espíritu que Saúl trató de matar a David, ¿no podía Dios usar el mismo método para matar a Saúl, haciendo que, en vez que esta vez tratara de matar a David, se matara a sí mismo?

Saúl murió antes de tiempo por haberse rebelado contra Dios, por no hacer las cosas de acuerdo a como Dios se las había dicho.

Ejemplos de hombres buenos que murieron antes de tiempo.

  1. Moisés y Aarón.

Números 20: 7-13, 22-29.

Y habló Jehová a Moisés, diciendo:

Toma la vara, y reúne la congregación, tú y Aarón tu hermano, y hablad a la peña a vista de ellos; y ella dará su agua, y les sacarás aguas de la peña, y darás de beber a la congregación y a sus bestias.

Entonces Moisés tomó la vara de delante de Jehová, como él le mandó.

10 Y reunieron Moisés y Aarón a la congregación delante de la peña, y les dijo: ¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?

11 Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias.

12 Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado.

13 Estas son las aguas de la rencilla, por las cuales contendieron los hijos de Israel con Jehová, y él se santificó en ellos.

22 Y partiendo de Cades los hijos de Israel, toda aquella congregación, vinieron al monte de Hor.

23 Y Jehová habló a Moisés y a Aarón en el monte de Hor, en la frontera de la tierra de Edom, diciendo:

24 Aarón será reunido a su pueblo (puede referirse tanto al sepulcro como al lugar de descanso o paraíso), pues no entrará en la tierra (pues Dios le quitará la vida) que yo di a los hijos de Israel, por cuanto fuisteis rebeldes a mi mandamiento (este es el pecado que causó su deceso) en las aguas de la rencilla.

25 Toma a Aarón y a Eleazar su hijo, y hazlos subir al monte de Hor,

26 y desnuda a Aarón de sus vestiduras, y viste con ellas a Eleazar su hijo; porque Aarón será reunido a su pueblo, y allí morirá.

27 Y Moisés hizo como Jehová le mandó; y subieron al monte de Hor a la vista de toda la congregación.

28 Y Moisés desnudó a Aarón de sus vestiduras, y se las vistió a Eleazar su hijo; y Aarón murió allí en la cumbre del monte, y Moisés y Eleazar descendieron del monte.

29 Y viendo toda la congregación que Aarón había muerto, le hicieron duelo por treinta días todas las familias de Israel.

El hecho de que Dios no les permitiera ambos entrar a la tierra prometida (vs. 12) por causa de su rebelión (vs. 24), implica que si ellos hubieran obedecido a los mandamientos de Dios, sus vidas hubiesen sido prolongadas.

Deuteronomio 34.4-5.

Y le dijo Jehová: Esta es la tierra de que juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré. Te he permitido verla con tus ojos, mas no pasarás allá.

Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová.

Y lo enterró en el valle, en la tierra de Moab, enfrente de Bet-peor; y ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy.

Era Moisés de edad de ciento veinte años cuando murió; sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor.

Nótese que el verso siete destaca que la condición física de Moisés era óptima, “sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor.” En aquellos tiempos, la edad de 120 años se consideraba como una edad muy joven. Esto claramente indica que Moisés murió antes de tiempo. Moisés cumplió en parte el propósito de Dios, pero no pudo entrar al pueblo de Dios, ni a sí mismo, a la tierra prometida, y esto era parte en el plan de Dios.

Muchos cristianos cuyos cuerpos yacen en los sepulcros y sus almas están en el cielo, no completaron a cabalidad el propósito que Dios había diseñado para sus vidas, por cuanto murieron antes de tiempo.

  1. Uza.

Números 4: 5,15.

Cuando haya de mudarse el campamento, vendrán Aarón y sus hijos y desarmarán el velo de la tienda, y cubrirán con él el arca del testimonio;

15 Y cuando acaben Aarón y sus hijos de cubrir el santuario y todos los utensilios del santuario, cuando haya de mudarse el campamento, vendrán después de ello los hijos de Coat para llevarlos; pero no tocarán cosa santa, no sea que mueran. Estas serán las cargas de los hijos de Coat en el tabernáculo de reunión.

1 Crónicas 13: 9-10.

Pero cuando llegaron a la era de Quidón, Uza extendió su mano al arca para sostenerla, porque los bueyes tropezaban.

10 Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió, porque había extendido su mano al arca; y murió allí delante de Dios.

Según los versos 5 y 15 del capítulo 4 de Números, Aarón y sus hijos cubrirían el arca a la hora de mudarla de sitio, y los hijos de Coat la cargarían con varas. El arca tenía unos anillos adheridos por los lados por donde se introducirían estas varas (Éx. 25: 10-15; 37: 1-5). La intención de introducir estas varas era para no tocar el arca mientras era trasladada de lugar, ya que el arca representaba la santa presencia de Dios en medio de Su pueblo.

De acuerdo a 1 Crónicas 13, David se propuso trasladar el arca a Jerusalén. Los versos 9 y 10 dicen que Uza tenía temor de que el arca cayera en tierra e hizo lo que no le correspondía ni tenía que hacer —tocar el arca, cargarlo con sus manos— y murió. A pesar de que su intención era buena, a Dios no le agradó por cuanto violaba las instrucciones que Él había dado anticipadamente. Dios podía haber dejado que el arca cayera en tierra o podía haber enviado un ángel para que lo sostuviera, pero no toleraría que un humano la tocara.

A Dios no le gustó el gesto de Uza. La Biblia dice que somos colaboradores de Dios (1 Co. 3:9) —sus ayudantes. Pero tal parece que hay momentos en los que a Dios no se le debe ayudar, especialmente si ya Él lo ha prescrito así.

  1. Sansón.

Jueces, capítulos 13-16.

Sansón (solecito o pequeño sol) murió antes de tiempo por usar mal los privilegios que Dios le había otorgado y por no cumplir con el llamado y el propósito de Dios.

Según el libro de Jueces, el llamado de Dios para Sansón consistía en “(…) salvar a Israel de mano de los filisteos” (13: 5). El requisito que Dios había establecido para que Sansón cumpliera con este llamado era que él tenía que ser nazareo (Jue. 13: 5). Cuando una persona hacía el voto del nazareato, lo podía mantener hasta cierto tiempo, “hasta que sean cumplidos los días de su apartamiento a Jehová” (Nm. 6: 5b). En el caso de Sansón, Dios fue quien le impuso este voto, y Sansón tenía que ser nazareo “desde su nacimiento hasta el día de su muerte” (Jue. 13: 7b).

El nazareato era un voto que consistía en consagrarse a Dios, con el propósito de rendir un servicio especial (Nm. 6: 1, 8). El nazareo — el que había hecho el voto — no podía consumir bebidas alcohólicas, ni alimentos impuros, ni tener contacto con cadáveres, y no podía cortarse el cabello (Nm. 6: 3-6; Jue. 13: 4-5).

Dios había escogido a Sansón para salvar a Su pueblo de sus enemigos cuando todavía su madre no lo había concebido (Jue. 13: 3). Y aún antes de nacer, el llamado incluía el nazareato; tampoco su madre podía consumir bebidas alcohólicas o comer cosa inmunda (Jue. 13: 4, 7, 12-14).

Tratándose de que sería un solo hombre el que comenzaría a salvar a Israel de los filisteos, Dios dotó a Sansón con una fuerza física sobrenatural. Esta fuerza se la proveía el Espíritu de Jehová (Jue. 14: 6, 19). En una ocasión, Sansón mató un león con sus manos (14: 5-6). En otra oportunidad, él mató a mil hombres con una quijada de asno (Jue. 15: 15). La Biblia registra otras veces en las que Sansón usó de esta fuerza para hacer cosas sobrenaturales.

Pero Sansón comenzó a fallar cuando empezó a usar la fuerza que Dios le había dado (esto era un don divino para cumplir un propósito) para satisfacer sus intereses personales. Podemos mencionar la manera en la que se divertía haciendo alarde de su fuerza mediante el uso de mentiras (Jueces 16: 1-15). Y cómo, por su temperamento iracundo, mató a mucha gente, quemó los campos de los filisteos y arrancó las puertas de la ciudad; cosas que no tenían que ver con el propósito para el que Dios lo había elegido y para el cual lo había llamado. Podemos también incluir la sensualidad, por falta de dominio propio, que lo llevó a tener varias mujeres impropias: la mujer de Timnat, una mujer ramera, y Dalila (14.1; 16:1, 4).

Además de usar su fuerza de manera impropia, Sansón no cumplió con el voto del nazareato e hizo todo contrario al llamado y al propósito de Dios. Antes de su matrimonio tocó a un animal muerto, y lo ocultó a sus padres (Jueces 14:8-9), hizo un  banquete de bodas de siete días, en donde se supone que haya habido bebidas alcohólicas (Jueces 14:10), reveló el secreto de su fuerza, dejándose cortar el cabello —la señal de consagración a Dios (Jueces 16:19-20).

Todo esto le acarreo muy malas consecuencias. Su fuerza se convirtió en debilidad después que Dalila le cortó el cabello. Su luz (Sansón=pequeño sol) se tornó en oscuridad., pues los filisteos sacaron sus ojos. El libertador fue tomado como esclavo, y en vez de reírse de los demás, se convirtió en objeto de burla.

Jueces 16: 22 demuestra que Sansón hizo un nuevo pacto con Dios, un acto de reconciliación (dejarse crecer el cabello era señal del voto, esto lo comprueban los versos 28 y 30; tal parece que los filisteos olvidaron o descuidaron este detalle, quizás porque Sansón había quedado ciego). La recuperación de su fuerza demuestra la renovación de votos, pero solo para entregar su vida y sellarla con la muerte.

Sansón murió antes de tiempo por jugar con la bendición de Dios, y por no cumplir con Sus mandamientos.

  1. Los cristianos de Corinto.

1 Corintios 11: 27-34.

Como ya se explicó, muchos de los miembros de la iglesia de Corinto murieron antes de tiempo por cometer el pecado de muerte de tomar la Cena del Señor indignamente. (Véase arriba para detalles.)

  1. Los hijos que no honran a sus padres.

Éxodo 20: 12

Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.

Efesios 6:1-3

1 Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.

2 Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa;

3 para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.

Deuteronomio 5.16

Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da.

Proverbios 6:20-23.

20 Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre,  Y no dejes la enseñanza de tu madre;

21 Átalos siempre en tu corazón, Enlázalos a tu cuello.

22 Te guiarán cuando andes; cuando duermas te guardarán; Hablarán contigo cuando despiertes.

23 Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, Y camino de vida las reprensiones que te instruyen.

Proverbios 30: 17

El ojo que escarnece a su padre Y menosprecia la enseñanza de la madre, Los cuervos de la cañada lo saquen, Y lo devoren los hijos del águila.

Proverbios 13.1

El hijo sabio recibe el consejo del padre; Mas el burlador no escucha las reprensiones.

Deuteronomio 27.16

Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre. Y dirá todo el pueblo: Amén.

Honrar al padre y a la madre va más allá de simplemente obedecer. Estar atentos a sus necesidades —aun cuando los hijos se hayan casado o se hayan independizado— es también parte del respeto que los hijos deben rendir a sus progenitores. No causarles afrenta ni oprobio tiene que estar en esta lista. Y podríamos continuar añadiendo muchas cosas más, pero esto se convertiría en un tema aparte del que estamos tratando.

Estoy seguro que la información bíblica provista es suficiente para demostrar que un hijo desobediente, o uno que deshonra a sus padres, tiene pocas probabilidades de vivir por largo tiempo. De todas maneras, un ejemplo a citar son los hijos de Elí, de quienes ya hemos comentado arriba, los cuales desobedecieron las reprensiones del padre, y murieron antes de tiempo.

  1. El cristiano que no lleva fruto.

Juan 15:2

Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.

Una de las verdades centrales de la Biblia es que Cristo, luego de habernos salvado, nos encomendó la misión de buscar y traer otros a Él; es el motivo por el cual, en vez de llevarnos al paraíso, nos dejó en la tierra. Y no solo nos dejó aquí, sino que nos equipó con talentos y dones espirituales para que podamos llevar a cabo esta gran obra.

Entre las cosas a las que la Biblia califica como fruto está, precisamente, el traer otros a Jesús o ganar almas (Jn. 4: 36; Ro. 1: 13; 16: 5), el carácter de Cristo (esto es lo que Gálatas llama el fruto del Espíritu, Ga. 5: 22-23), la santificación (Ro. 6:22), las ofrendas (Ro. 15: 26-28), las buenas obras (Col. 1: 10; Tito 3:14), el conocimiento de Jesús (2 P. 1:8).

Fallar en hacer lo que Dios quiere que hagamos —para lo cual Él nos ha equipado— y no cumplir con sus propósitos, nos coloca en la categoría del pámpano infructífero. Y la Escritura claramente dice que un pámpano estéril Dios lo quitará (cortará), algo que en el lenguaje bíblico indica que le quitará la vida, acortará sus días. Esto, en otros términos equivalentes, significa que morirá antes de tiempo. ¿Antes de qué tiempo morirá? Antes del tiempo de vida que le correspondía vivir.

Después de haber considerado esta lista de personas que la Biblia nos presenta, que, por las cosas que hicieron, o por la conducta que tuvieron, perdieron sus vidas antes de tiempo, quiero, como nota final, citar lo que la Escritura dice en 1 Corintios 10: 11:

“Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.”

Como cristianos, las cosas buenas o malas que hagamos —y las que no hagamos— pueden ser las que Dios use para determinar la longitud de nuestras vidas. Él puede extendernos los días de existencia o acortarlos. Tengamos en cuenta lo que estamos haciendo para Dios y para los demás, y de la manera en la lo estamos haciendo. No sea que en vez de Él decirnos: “Bien, buen siervo y fiel.” Más bien nos diga: “Siervo malo y negligente.” Y entonces se cumpla lo que dice Jeremías: “Maldito el que hiciere indolentemente la obra de Jehová” (48:10a). Y esta maldición puede ser muerte física, morir antes de tiempo.

(Todas las citas han sido tomadas de la versión Reina Valera 1960; y las he transcrito en itálicas y en rojo para destacar los versos bíblicos del contenido del tema en discusión. Palabras en negritas, y subrayadas, las he añadido para dar énfasis.)

diciembre 1, 2014 Posted by | Interpretaciones Bíblicas | 3 comentarios

¿Puede el cristiano atar a Satanás y los demonios?

Atar y Desatar

Atar Y Desatar

Hay un concepto que se ha generalizado en las iglesias cristianas, principalmente en aquellas de perfil pentecostal, que enseña que al diablo y los demonios se les puede atar. Esta enseñanza está basada en una incorrecta interpretación de algunos versos de la Biblia usados fuera de contexto. Uno de los más popularmente citados es Mateo 12:29, que narra la parábola del hombre fuerte. El pasaje dice así: “Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata (le vence). Y entonces podrá saquear su casa” (énfasis y paréntesis añadidos).

Esta parábola realmente narra la victoria que Cristo anticipó sobre Satanás y sobre el dominio que el diablo ejerce sobre la humanidad. Si leemos el pasaje paralelo que se encuentra en Lucas 11:21-22, se nos hará más fácil comprender su significado. Estos versículos dicen así:

“Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee.

Pero cuando viene otro más fuerte que él y le vence (le ata), le quita todas sus armas en que confiaba, y reparte el botín” (énfasis y paréntesis añadidos).

El hombre fuerte es el diablo; el otro más fuerte es Jesús. El palacio guardado con armas representa la humanidad esclavizada por el diablo. Lo que posee en su palacio son las bendiciones robadas. Vencerlo, quitarle sus armas y repartir el botín, hace alusión a la victoria que Cristo alcanzó sobre Satanás por medio de Su muerte y resurrección, y a las bendiciones otorgadas por Dios en base a este sacrificio.

Como puede verse, Jesús no estaba hablando en el sentido literal de atar al diablo. En este sentido, Jesús mismo nunca ató a Satanás. Atar es, simplemente, el lenguaje figurado —usado en esta parábola— para referirse al acto de vencer al diablo.

Los otros dos versos que mencionan la palabra atar se encuentran en Mt. 16:18-19 y en Mt. 18:18.

Atar Y Desatar, ¿Cuál Es Su Significado?

Según Mt. 16:19, Jesús entregó a Pedro las llaves del reino de los cielos. El verso dice: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.”

Una llave es símbolo de poder y autoridad (véase Is. 22:22; Ap. 3:7). En el caso de Pedro (Mt. 16:19), se usaba las llaves para desatar, o sea, abrir la entrada del reino de los cielos a la gente mediante la predica del evangelio (compárese Hch. 2:38-42; 10. 34-36). Esta es la llave del conocimiento que los intérpretes de la ley tenían (Lc. 11:52) para abrir (desatar) a otros el sentido de las Escrituras (Lc. 24:32).

En Mt. 18:18, las llaves son, además, para el ejercicio de la disciplina en la comunidad eclesial local. El texto lee: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.” Esto se puede deducir muy fácilmente observando el contexto (vvs. 15-17), que habla de reprender (corregir) al hermano que nos ofende. Luego se dice el procedimiento a seguir; esto es: primeramente, hablarán tú y él solos. Segundamente, si él no te oyere, hablarán delante de uno o dos testigos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Terceramente, díselo a la iglesia. Por último, tenlo por gentil y publicano.

Finalmente, se llega a la conclusión que todo lo que atares en la tierra será atado en el cielo; y todo lo que atares en la tierra será desatado en los cielos. Estos términos simplemente describen el derecho y el deber que todos los líderes de las congregaciones tienen de prohibir y permitir, excluir y admitir, según las enseñanzas del Nuevo Testamento (por ej. Hch. 15:10; 1 Co. 5:4-13).

Por lo tanto, al hermano de la iglesia que tú reprendiste y no te quiso oír, ni por la presencia de dos testigos, ni por haberlo anunciado a la iglesia, el liderazgo de la congregación tiene la llave (la autoridad) de atar (prohibir, excluir) a este hermano de la comunión con los fieles (no de la comunión interior con Dios mismo), y volverlo a desatar (permitir, admitir) en esta comunión cuando este muestre evidencias de verdadero arrepentimiento.

Nótese que esta actividad está respaldada por la autoridad de Cristo mismo: “(…) será atado en el cielo (…), será desatado en el cielo” (Mt. 18:18). El cielo da por prohibido o permitido lo que los siervos de Dios prohíben o permiten en la tierra, siempre y cuando tales decisiones se lleven a cabo mediante la dirección del Espíritu Santo (no por prejuicios personales) y estén en armonía con las enseñanzas de la Biblia.

Fíjese cómo Jesús, a través de las palabras “Otra vez os digo”, nos da la interpretación de los términos atar y desatar: “que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de (…).” Esto es lo que significa atar y desatar; ponerse de acuerdo acerca de qué individuos y actividades deben excluirse o admitirse en la comunión de los santos. Luego, Jesús, procede a comparar la similitud que existe entre la unanimidad en la oración y la unanimidad en la correcta aplicación de la disciplina. Es decir, que así como Dios oye nuestras oraciones, también aprueba lo que la iglesia ata y desata (prohíbe y permite): “(…) cualquiera cosa que pidieres, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.”

Finalmente, Juan 20:23 también habla acerca del ejercicio de esta disciplina, pero con otros términos: “A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.” Jesús usa los verbos remitir y retener para referirse a la acción disciplinaria que la iglesia puede ejecutar para con las personas que atenten contra su integridad (la de la iglesia). La iglesia recibió de Cristo la autoridad de readmitir y de excluir de su comunión eclesial a aquellos que proceden de manera contraria a lo que la Biblia enseña. Juan, así como Mateo, enseña que la iglesia, mediante su disciplina eclesiástica, y por medio de sus líderes, pueden excluir de la comunión eclesial a quienes no son dignos de ella (ver 1 Co. 5:11-13; 2 Jn. 10). De la misma manera, también puede readmitir en dicha comunión a quienes han dado suficientes pruebas de verdadero arrepentimiento (2 Co. 2:5-11).

Concluimos, pues, que atar y desatar simplemente significa abrir y cerrar, permitir y prohibir, admitir y excluir. Y esto nada tiene que ver con Satanás y los demonios.

~ La iglesia desata o abre las puertas del cielo a los que creen arrepentidos, y las ata o cierra a los que persisten en su incredulidad (compárese Jn. 8.24).

~ La iglesia, físicamente y localmente, también desata o abre sus puertas (admite, recibe) por medio del bautismo a quienes han demostrado una verdadera convicción por los frutos que muestra; y cierra (ata) sus puertas (su admisión) a todo hereje y pecador que no está dispuesto a entrar en una sincera comunión con el cuerpo de Cristo (ver Hch. 8:13-24, versículo clave: 21).

El Cristiano vs. Satanás Y Los Demonios

Entonces ¿qué podemos hacer con los demonios? Lo mismo que Jesús hizo con ellos y con Satanás: resistirlos, reprenderlos, echarlos fuera; y ellos huirán de nosotros.

En vez de ser los cristianos quienes tienen atado al diablo, más bien es el diablo quien tiene atados a muchos cristianos. (“Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo? Lc. 13:16).

(Este es un extracto editado y adaptado de mi libro digital La Guerra Espiritual. Un Conflicto Invisible, Pero Real., del segmento Atar y Desatar del capítulo uno.)

octubre 3, 2013 Posted by | Interpretaciones Bíblicas | 16 comentarios

¿Es el “fuego” parte del bautismo con el Espíritu Santo?

pentecostal

En esta ocasión estaremos equipando la mente con una enseñanza que he  diseñado “para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados” (He 5.14). Si el tema es de tu interés, pero aún participas de la leche, y eres “inexperto en la palabra de justicia” (vs.3), o un “neófito” (1Ti 3.6; todos hemos sido neófitos), mi recomendación es que busques la ayuda de un obrero “que usa bien la palabra de verdad” (2Ti 2.15). Es decir, de alguien que ya puede comer alimento sólido por cuanto ha alcanzado madurez (He 5.14), y que te pueda guiar en la instrucción de esta enseñanza.

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Ningún cristiano puede ser bautizado con Espíritu Santo y “fuego”.

En la gran mayoría de las iglesias cristianas se enseña y se cree la doctrina del bautismo en el Espíritu Santo y “fuego”. En estas iglesias los creyentes le suplican a Dios que los bautice de dicha manera. Pero lo cierto es que Él no puede hacer semejante cosa con nadie. Esta enseñanza está basada en una incorrecta interpretación y aplicación de lo que la Biblia realmente dice acerca de este tema. Jesús nunca prometió bautizar con el Espíritu Santo y fuego. La única persona que la Escritura menciona haber empleado esta expresión fue Juan el Bautista.

Ahora bien, para lograr una acertada interpretación acerca del tema en discusión, tenemos que emplear una de las reglas más básicas de la hermenéutica (interpretación de la Biblia, del griego ‘hermeneuein’; el arte de interpretar los textos), que es: consultar los pasajes paralelos, “acomodando lo espiritual a lo espiritual” (1Co 2.13). Un método que he estado usando por muchos años, desde que comencé a estudiar la Biblia, mucho antes de saber lo que era la hermenéutica, y que me ha dado muy buenos resultados.

Con pasajes paralelos entendemos aquí los que hacen referencia el uno al otro, que tienen entre sí alguna relación o tratan de un modo u otro de un mismo asunto. Esto es, tenemos que comparar lo que la Biblia dice en relación al mismo tema en sus diversos libros o en toda la Escritura. La regla es permitir que la Escritura sea su propio intérprete, comparar lo que la Biblia dice con lo que la Biblia dice, la Escritura explicada por la Escritura.

Teniendo esto en cuenta, veamos lo que Jesús enseñó acerca del bautismo en el Espíritu Santo y lo que Juan el Bautista dijo respecto a lo mismo, ya que, al comparar ambas declaraciones, dentro de sus respectivos contextos, podremos encontrar la adecuada interpretación de este tema.

Esto dijo Jesús: “Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hch 1.5; el apóstol Pedro citó estas palabras que Jesús dijo, mientras narraba lo que había acontecido en casa de Cornelio, Hch 11.16). Note que Jesús NO mencionó el fuego en esta declaración.

Ahora veamos lo que Juan el Bautista dijo: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego (Mt 3.11).

¿Por qué Juan añade el fuego en su declaración mientras que Jesús no?

La respuesta a esta pregunta es: porque Juan, en esta ocasión, usó el fuego para referirse a juicio, a condenación, al castigo eterno del que será víctima todo aquel que rechaza el mensaje del evangelio (véase 2Ts 1.8; He 10.27; 12.29; Jud 7; Ap 20.15; 21.8. Compárese con Jn 5.22-29; Hc 17.31; Mal 4.1; 2Tes 1.7-10).

Y, ¿cómo uno puede llegar a semejante conclusión? Pues, bien, usando la regla de hermenéutica que ya mencioné, comparando los distintos pasajes de la Biblia que hablan de lo mismo. Los pasajes paralelos en los que estaremos desarrollando esta discusión son: Mt 3.1-12; Mr 1.4-8; Lc 3.1-20; Jn 1.19-28.

Además de esta regla, vamos también a emplear otra muy conocida; y es la regla de las tres preguntas: “¿Qué dice el texto? ¿Quién lo dice? ¿A quién lo dice?”

Ya sabemos qué dice el texto, y también sabemos quién lo dice. La respuesta a la tercera pregunta de esta regla es la que nos arrojará luz para obtener la armonía adecuada entre las palabras de Jesús y Juan el Bautista, y así conseguir la correcta interpretación del tema en cuestión.

¿A quién lo dijo Juan?

Entre la audiencia de Juan se encontraban dos grupos: los que “eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados (Mt. 3.6). Este grupo lo integraban los de Jerusalén, los de toda Judea, y los de toda la provincia de alrededor del Jordán (vs.5); entre los cuales también se encontraban publicanos* y soldados (Lc. 3.12, 14).

El segundo grupo lo conformaban los fariseos** y los saduceos, quienes solo venían a presenciar el bautismo de Juan (Mt. 3.7). Lucas se refiere a ambos grupos como un pueblo que “estaba en expectativa, preguntándose TODOS (creyentes e incrédulos) en sus corazones…” (3.15).

La prédica de Juan comenzó con un mensaje en general (“respondió Juan, diciendo a TODOS, Lc 3.16): “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mt 3.2). Pero fíjese como “al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo” (vs.7), Juan cambió su mensaje y lo hizo directo: “¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (vss.7-8). Este estilo de prédica se extendió hasta el verso 12 de este capítulo. Pero es en el versículo 10 en el que Juan menciona el fuego como una figura del castigo que recibirían los que rechazaban su mensaje (los fariseos y los saduceos): “…por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.”

Luego, en el verso 11, el Bautista regresa su homilía a los que eran bautizados por él: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo (…).” No, no le omití el “fuego” al versículo. Lo que ocurre es que, es en esta parte del verso en donde se genera la confusión que nos impide interpretar la enseñanza correctamente. Y esto es debido al mal uso que le damos a la conjunción “y”, la cual ligamos, indebidamente, a la parte del verso que habla del bautismo en el  Espíritu Santo, sacándola del verdadero contexto.

En la primera parte del verso Juan se estaba refiriendo a los que él estaba bautizando, a los creyentes. Pero una vez que él les hubo  mencionado la bendición que recibirán los que creyeran en Jesús, Juan cambia nuevamente el mensaje, y lo dirige a los incrédulos (fariseos y saduceos), advirtiéndoles del fuego o juicio del que serían víctimas. Y esto lo podemos deducir de lo que dice el resto de su discurso en el verso 12, luego de haber mencionado el fuego: “Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo (los creyentes) en el granero, y quemará la paja (los incrédulos) en fuego (el fuego que ya había mencionado anteriormente, mientras hablaba del Espíritu Santo) que nunca se apagará.”

Por lo tanto, Juan estaba hablando acerca de dos bautismos: el Espíritu Santo, para los que creían a su mensaje y eran bautizados; y el fuego, como forma del castigo que recibirían los que rechazaban su mensaje —en este caso los fariseos y saduceos— quienes habían creado su propia religión y habían inventado su propio método de acercarse a Dios y de salvarse de la condenación y del castigo eterno.

Para clarificar más el asunto, y comprobar que esto de los dos bautismos es así, como lo explico (continuando con las ideas paralelas), vayamos a Mr 1.4-8. En este pasaje, el Evangelista Marcos narra el mismo suceso, pero, si observas bien el texto, en su escrito, Marcos sólo incluye uno de los grupos de la audiencia de Juan: los que creían y eran bautizados, los de Judea y Jerusalén (1.5); el mismo grupo que Mateo incluyó en su narración (3.5). En este discurso (el que Marcos narra), Juan también hace mención del bautismo en el Espíritu Santo. Solo que, en esta ocasión, no se menciona el fuego. ¿Por qué? Por lo que dije antes, que Marcos únicamente menciona el grupo de creyentes como audiencia de Juan; los fariseos y saduceos están excluidos.

Estos —lo que Marcos y Mateo narran— no son dos eventos diferentes; es el mismo y único evento. Lo que lo hace diferente es quienes lo escribieron. Mateo incluyó ambas audiencias: creyentes e incrédulos (3.5-7). Por lo tanto tuvo que incluir también la frase completa de Juan concerniente a los dos bautismos, el del Espíritu Santo y el de fuego (3.11), para que, de este modo, el lector pudiera comprender lo que él, más adelante, diría acerca del trigo y la paja en el versículo 12. En cuanto a Marcos, como en su narración él solo menciona a los creyentes como el grupo que atendía a la homilía de Juan (Mr 1.5), no era necesario añadir el fuego (vs.8), ya que, los que se arrepienten y se convierten a Dios, no son reos de eterna condenación (Jn 5.24). Por esta misma razón es que Jesús tampoco mencionó el fuego, porque le hablaba a sus discípulos, y estos, al igual que los discípulos de Juan, no eran reos de juicio.

El Evangelio del Apóstol Juan 1.32-33 registra la declaración que hizo Juan el Bautista, en la que él revela que Jesús sería quien bautizaría con el Espíritu Santo, y aquí tampoco menciona el fuego. Y tómese en cuenta que Juan confesó que fue Dios quien le dijo a él que Jesús “es el que bautiza con el Espíritu Santo” (ni el mismo Padre mencionó el fuego).

Lo que aconteció a los que estaban unánimes juntos, en el día de Pentecostés, que se les apareció lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de los que estaban allí reunidos, y de que hayan sido todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaran a hablar en otras lenguas, no tiene, en nada, que ver con la declaración de Juan. Las lenguas (llamaradas, lengüetas) de fuego que se aparecieron sobre sus cabezas, eran una señal externa para demostrar físicamente o visiblemente que el Espíritu Santo había sido derramado por primera vez sobre los creyentes en Cristo, y así confirmar que el Señor había cumplido Su promesa (Jn 7.37-39; 14.16-17, 26; 15.26; 16.7, 13; Lc 11.13). Ya los discípulos habían recibido el Espíritu Santo, Jesús había soplado sobre ellos (Jn 20.22), pero no habían sido llenos de Él, ni habían sido investidos de poder (Hc 1.8). Esto estaba reservado para el día de Pentecostés, en donde más personas —y no únicamente ellos— recibirían la promesa del Padre (Hc 1.4-5, 8).

Estas lenguas de fuego no se vuelven a mencionar en ninguna otra parte de la Biblia, ni aun en las ocasiones en las que los discípulos impartieron el Espíritu Santo por la imposición de manos (véase Hch 2.38; 8.14-17; 9.17; 10.44-47; 11.15-16; 19. 1-7).

Durante el bautismo de Jesús, el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma corporal, como paloma (Lc 3.21-22). Esto no significa que el Espíritu Santo sea una paloma, sino que tomó una forma física o visible (similar a lo que aconteció con las lenguas de fuego en el Aposento Alto) con la que pudiera manifestar Su presencia, de manera que los espectadores se pudieran percatar de ello. Esta manifestación fue respaldada con la voz del Padre, y es el equivalente al bautismo del Espíritu Santo que recibimos los cristianos, ya que Jesús, como el Hijo del Hombre (Su naturaleza humana fue y es tan real como lo es Su divinidad, Fil 2.7; He 2.17; 4.15) también necesitaba la unción del Todopoderoso mientras estaba en la tierra (véase Lc 4.16-21; Hch 10.38).

La paloma y el fuego son usados en la Biblia como símbolos del Espíritu Santo. Un símbolo es una imagen o figura animada o inanimada que representa un objeto o algo abstracto; una señal visible o representación de una idea o una cualidad de un objeto. La paloma —como símbolo del Espíritu Santo— se usa para representar Su sencillez, una de las cualidades del carácter de Jesús. Por otro lado, el fuego representa Su poder purificador.

No obstante el fuego ser símbolo del Espíritu Santo, en nada está relacionado con lo que dijo Juan el Bautista. El fuego del que Juan habló de ninguna manera purificaría a los que lo recibieran, ya que —reiterando una vez más— es fuego para destrucción, condenación y castigo.

En el original griego —así como en cualquier otro idioma— una palabra puede tener diferentes usos y significados, y para lograr entender el sentido de lo que se dice, es necesario interpretarla dentro del contexto en el que se encuentra.

Quienes apoyan la teoría del bautismo con el Espíritu Santo y «fuego», y usan como base bíblica lo que dice Mt. 3.11, deberían considerar que, en el original griego, la palabra «fuego» mencionada en esos versos, es la palabra «πῦρ» (púr). Esta palabra Juan también la usó en el verso 10 para referirse al árbol que es cortado y echado en el fuego, y nuevamente la usa en el verso 12 con respecto a la paja que se quemará en el fuego que nunca se apagará. Y las tres veces que «púr» aparece en el discurso de Juan, es para referirse al fuego del juicio Divino que recibirán quienes rechacen a Cristo; y en nada la palabra «púr» está ligada con el bautismo que el Señor prometió a sus discípulos, ya que es usada para referirse a castigo. De manera que, para el cristiano, no puede haber un bautismo con el Espíritu Santo y «juicio» (o fuego).

Si en vez de citar estos pasajes aisladamente los usáramos dentro de sus respectivos contextos, nos daríamos cuenta que:

  1. Jesús NO MENCIONÓ el fuego cuando habló del bautismo con el Espíritu Santo. (Véase Hch. 1.5.)

  2. Juan el Bautista fue quien lo mencionó, y lo hizo para referirse a las dos maneras en la que el Señor bautizaría: Espíritu Santo para los que creyeran en Él, y fuego (juicio, castigo) Divino para quienes Le rechazaran.

(«Púr» también aparece adjunta en versos que hablan del infierno, la cizaña que será quemada, los individuos que serán lanzados al fuego eterno; entre otras tantas citas. [Véase Mt. 5.22; 13.40-42, 50.])

Resumiendo el tema, ningún cristiano puede ser bautizado con el Espíritu Santo y (con) fuego (o juicio), ya que esta declaración incluye dos tipos de bautismos para dos distintas categorías de personas: el Espíritu Santo para los cristianos y el fuego para los impíos.

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Si eres partidario de la doctrina del bautismo con el Espíritu Santo y fuego, seguramente  te costará estar de acuerdo con esta interpretación bíblica. Esto, mayormente, se debe a tres cosas:

  1. Las doctrinas mal enseñadas son como las malas costumbres, una vez se aprenden, se hace muy  difícil sustituirlas por las apropiadas. O son como la hierba, que una vez han echado raíces, es difícil o casi imposible poderlas desarraigar.

  2. Muchas personas estudian la Biblia subjetivamente; ya tienen sus mentes resueltas en lo que creen o aprendieron, y leen o estudian la Biblia buscando cómo apoyar sus creencias. No intentan objetivamente— descubrir cuál es la verdadera enseñanza entretejida en los versos de la Santa Escritura. Y cuando se tropiezan con una enseñanza como ésta, no hacen lo que el pueblo hacía, cuando los levitas, en tiempo de Nehemías, hacían entender al pueblo la ley; y el pueblo estaba atento en su lugar. Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura (Neh 8.7-8).

  3. Muchos cristianos pasan horas viendo la televisión, hablando por teléfono, navegando en el internet, sumergidos en las redes sociales, pero no dedican el tiempo suficiente para estudiar la Biblia. Ellos prefieren que sean otros los que se quemen las pestañas estudiando, y optan por venir a la iglesia a que se les enseñe lo que ellos mismos no han querido estudiar. Estos tienen que imitar a los cristianos de Berea, quienes “eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así (Hch 17.11).

Gran cantidad de miembros en las iglesias ni siquiera se toman la “molestia” de comparar lo que se está enseñando desde el púlpito, con lo que las Escrituras dice. Si bien la Santa Biblia dice que tenemos que probar los espíritus (maestros) si son de Dios (1Jn 4.1). Y la manera de probar (escudriñar) estos espíritus no es a través de algún don especial, sino comparando lo que ellos dicen con lo que la Biblia dice (vss. 2-3).

Pídele al Señor que haga contigo lo que hizo con Sus discípulos, que “les abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras” (Lc 24.45). Amén.

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* Los publicanos y los soldados formaban parte del sistema gubernamental romano, y eran repudiados por los judíos (Mt. 9.9, 11) .

**Los fariseos eran una estricta secta religiosa de judíos que con celo seguía la Ley del Antiguo Testamento así como sus tradiciones y exigía el más riguroso cumplimiento de su propia interpretación de la Ley ( Mt. 23. 1-7). Los saduceos eran un partido político sacerdotal judío rico, que solo aceptaban el Pentateuco, y no creían en la vida después de la muerte (Mt. 22.23; Mr. 12.18).

julio 12, 2013 Posted by | Interpretaciones Bíblicas | 17 comentarios

¿Sabe Cristo el día de Su regreso a la Tierra, el día de Su Segunda Venida?

Segunda Venida Cristo4Desde luego que sí.

Según la doctrina de la Trinidad:

  • el Padre es Dios

  • el Hijo es Dios

  • el Espíritu Santo es Dios.

Tres distintas personas, una sola deidad.

Entonces, si el Hijo es Dios, ¿por qué Jesús declaró que no sabía el día ni la hora de Su venida? (Véase Mr. 13.32)

Bueno, la pregunta parece paradójica, pero en verdad no lo es.

El Señor tiene tres títulos:

  • Hijo de Dios

  • Hijo de David

  • Hijo del Hombre.

El primer título revela Su naturaleza espiritual, Su deidad. Como Hijo de Dios es también Dios. El segundo tiene que ver con Su línea jerárquica, Su realeza. Como Hijo de David — o descendiente del rey David — es Rey de los judíos. El último título se refiere a Su naturaleza humana, Jesús es 100% hombre. Él no jugó a ser hombre; Él fue — y es — hombre. Su naturaleza humana fue tan real como lo es Su deidad (hecho semejante a los hombres”, Fil 2.7; “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos”, He 2.17; “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”, He 4.15).

De modo que cuando Él dijo que no sabía el día ni la hora de Su Venida, no lo hizo desde la perspectiva divina (como Dios o Hijo de Dios), sino basado en Su sabiduría como hombre. Es decir, habló de acuerdo al limitado conocimiento que tenía de las cosas de Dios, Su Padre, como hombre — o Hijo del Hombre — que era, ya que Él había sujetado Su gloria a la limitada sabiduría que nosotros los humanos tenemos. (Compare con Filipenses 2. 5-8.)

Jesús es el Hijo del Hombre, no hijo de hombre. El término del está relacionado al primer hombre que Dios creó, Adán. Era como decir el Hijo — o descendiente — de Adán. De paso, Hombre está escrito con mayúscula para honrar la primera creación humana de Dios, Adán, es como un nombre propio. Jesús es el segundo Adán; Jesús es el Hijo del Hombre.

De modo que Jesús — como Dios que es — sí sabe el día de Su Segunda Venida. De lo contrario, no sería Dios ni formaría parte de la Divina Trinidad. Pero, como el Hijo del Hombre, desconoce Su Retorno a la Tierra. Esto es algo que solo Dios lo puede hacer y solo Él lo puede entender.

“Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá?” (1 Co. 2.16).

“Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?” (Ro 11.34).

junio 17, 2013 Posted by | Escatología, Interpretaciones Bíblicas | 3 comentarios

¿Puede el cristiano perder su salvación?

El tema es muy controversial, y ha sido asunto de debate por siglos  entre los que creen que el cristiano sí puede perder la salvación y los que rechazan dicha declaración. Existen, primordialmente, dos escuelas de teología que difieren entre sí sobre esta enseñanza: los calvinistas y los arminianos.

De acuerdo a los calvinistas: la salvación es alcanzada por el poder del Todopoderoso Dios. El Padre escoge la gente, el Hijo muere por ellos, y el Espíritu Santo hace que la muerte de Cristo sea efectiva trayendo al elegido a la fe y al arrepentimiento, causando así en ellos el obedecer voluntariamente  el Evangelio. El proceso entero (elección, redención, regeneración) es el trabajo de Dios, y es todo por gracia. Por consiguiente, es de Dios, no del hombre, determinar quién será el recipiente del don o regalo de la salvación.

Según los arminianos: la salvación es lograda a través de los esfuerzos combinados de Dios (quien toma la iniciativa) y el hombre (quien debe responder)  –siendo la respuesta del hombre el factor determinante. Dios ha provisto salvación para todo el mundo, pero su provisión llega a ser efectiva solamente para aquellos quienes, de su libre albedrío, “escogen” cooperar con Él, y de aceptar Su oferta de gracia. Es en este punto crucial, que el hombre jugará un rol decisivo, siendo así él, no Dios, el que determina quiénes serán los recipientes del regalo de la salvación.

Ambos grupos apoyan sus respectivas tesis con múltiples pasajes bíblicos, y no logran convenir en un acuerdo.

No obstante, hay una fórmula bíblica que bien puede reconciliar ambas partes  o, mejor dicho, en la que las dos escuelas deben coincidir, independientemente de sus diferencias de opiniones. Esta fórmula se encuentra en el capítulo 12 de la epístola a los Hebreos, en el versículo 14. El verso dice así: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.”

Así que, sin importar cuál sea la tesis que se apoye, la santidad debe ser una enseñanza fundamental en la que ambas escuelas de teología deben coincidir y estar de acuerdo. Además de ser una enseñanza fundamental del Evangelio, la santidad es el estilo de vida que todo cristiano tiene que practicar sin tomar en cuenta la denominación eclesial a la que pertenece ni el punto de vista que tenga respecto del tema que estamos tratando en esta entrada.

¿Qué es la santidad?

Santidad es, simplemente, separarse de las cosas que contaminan el espíritu y el cuerpo (véase 2 Corintios 7.1), para estar dispuesto, accesible y disponible para el Señor y Su servicio. 2 Timoteo 2.21 dice que el que “se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.”

Ahora bien hay que tomar en cuenta que la santidad comienza y se produce como resultado de haber sido salvo, y no es lo que en sí genera la salvación, ya que ésta es obra del sacrificio de Cristo, y es un regalo de Dios que se obtiene por medio de la fe. Esto es bueno saberlo, porque puede prevenir que nos dediquemos a “ganar” una salvación que el Señor nos regaló.

De igual manera, el haber sido salvo no nos otorga licencia para pecar, ya que el verdadero discípulo del Señor sigue sus pisadas. El mismo Jesús dijo que sus discípulos “están en el mundo”, pero “no son del mundo” (Juan 17.11, 16). A lo que el apóstol Juan agregó: “Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” (1 Juan 2.15). Santiago también añade que la amistad del mundo es enemistad contra Dios; y que “cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Stg. 4.4).

¿Qué es la amistad con el mundo?

Es practicar lo que ellos –el mundo– hacen. Es vivir un estilo de vida licenciosa en la que Dios y Su Palabra no son tomados en cuenta. Recordemos que “el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5.19). Y el mundo aborreció a Jesús, y aborrece a los cristianos (Juan 7.7; 15.18; 17.14).

El mundo es el sistema de ideas, criterios y comportamientos que se levanta y se opone a las enseñanzas de Jesús, y abarca lo ético -moral y lo espiritual.

La santidad evitará que nos enredemos en este sistema, y nos hará gratos y útiles al Señor.

De modo que, en vez de estar discutiendo acerca de si el cristiano puede o no perder la salvación, deberíamos de estar enfocados y ocupados en la santificación de nuestras vidas, ya que es el medio que nos llevará a ser útiles en el reino de Dios. Porque, ¿quién quiere volver al fango de donde Dios lo sacó?

 

 

agosto 20, 2012 Posted by | Interpretaciones Bíblicas | Deja un comentario